Abril tiene la llave. Esta primavera que acaba de comenzar determinará si el oro líquido seguirá costando lo que el noble metal. Oro líquido en toda la extensión la metáfora. Y, por extensión, dará respuesta a la pregunta del millón: ¿hasta cuándo va a estar subiendo el virgen extra?

La combinación mágica para que la próxima campaña deje una buena producción pivota sobre dos factores: agua y temperatura. Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva. Pero, sobre todo, que la primavera sea eso, primavera, y no un verano adelantado, porque el calor extremo (como sucedió el año pasado) es letal para el futuro fruto.

Así que la llave no es tanto el agua, que sí, ha sido muy buena toda la que ha caído, y más que se espera. El verdadero quid de la cuestión es la temperatura del mes que arranca la semana que viene. A estas alturas no se pueden hacer lecturas simplistas. La escasa cosecha de aceituna no fue el único factor que disparó el precio en origen, que también, sino que hubo otro más importante: la gran fidelidad del consumidor. ¡Ay, sí! Que no se puede ser fiel en esta vida, señores. Fue la ley de la oferta y la demanda, así de sencillo. Había poca oferta, por una de las cosechas más baja de la historia, pero como la demanda no bajaba por esa lealtad a vida o muerte, el precio del producto subió hasta la estratosfera. Para cuando quisimos darnos cuenta ya no había marcha atrás: el virgen extra se vendía con alarma en los supermercados, lo nunca visto.

Aunque más de uno dejara de lado esa pasión gastronómica incondicional, a partir de los meses de mayo o junio, y se pasara al girasol y a otras grasas, las consecuencias estaban ahí para quedarse. Total, que la fidelidad, al final, también tiene un precio. Cuestión aparte merece el sector HORECA (Hoteles, restaurantes y cafeterías), al que el incremento de precios prácticamente ha terminado de ahuyentar del virgen extra. Asunto complejo y digno de otro capítulo independiente.

Llegados a este punto, con los dedos cruzados mirando al cielo, la gran pregunta queda en el aire. ¿Volverán al virgen extra aquellos clientes que se marcharon, igual que las oscuras golondrinas de Bécquer? Los entendidos dicen que sí. O, al menos, quien ser optimistas. Manuel Parras Rosa, experto en la materia donde los haya, cree que si bajan los precios, con una cosecha media, se puede recuperar a los que volaron. Ahí es cuando Parras recuerda el famoso artículo 167 bis del reglamento de la UE, o lo que es lo mismo, el almacenamiento de aceite, un mecanismo fundamental para controlar gran volatilidad del mercado y que la Diputación trabaja para reactivar. Que tampoco es algo automático que caiga el cielo, como la lluvia.

¿Volverán las golondrinas? ¿Bajará el precio? El tiempo, (el atmosférico y el otro) lo dirá.

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