Adamuz

24 de enero 2026 - 08:00

Hay nombres que se convierten en espacios comunes del dolor; lugares donde reposa para siempre el sentimiento de pertenencia a un colectivo; cenotafios de nosotros mismos que, por motivos que desconocemos, seguimos vivos frente a quienes perecieron allí de forma injusta e inesperada, como sacrificios a no sé qué deidad sedienta de sangre.

Son muchos esos nombres que nos hacen estremecer al pronunciarlos en voz alta o simplemente al pensarlos. A veces incluso intentamos no hacer ninguna de esas dos opciones, por temor a que la desgracia nos alcance de algún modo. Supongo que la incomprensión de la muerte hace que la superstición aflore y nos controle de forma inconsciente…

La línea invisible que separa vida y muerte es tan sutil e imperceptible que cuando ocurren tragedias, crímenes, accidentes o atentados no podemos dejar de reflexionar durante días acerca de nuestra propia existencia y de cómo la estamos malgastando. El sentido de la trascendencia nos ronda, creamos o no en ella, y nos preocupa correr la misma suerte que quienes no sobrevivieron por estar en un tiempo y espacio equivocados. Una equivocación imposible de prever y que solo conoce esa trascendencia que ni siquiera sabemos si existe.

Todos hemos sufrido instantes en los que el mundo se ha detenido por completo y donde en fracciones de segundo hemos repasado a cámara lenta los principales recuerdos de lo vivido. Pero siempre hemos disfrutado de una nueva oportunidad para seguir latiendo. Quienes en cambio han tenido esa misma sensación y acto seguido murieron quiero creer que siguen ahí, rememorando los mejores días de sus vidas para siempre. Quiero creer que ese médico que murió sigue salvando vidas; que esa chica que murió sigue regresando feliz a casa cada noche; que ese niño que murió sigue riendo y jugando junto a sus padres; que ese maquinista que murió sigue llegando puntual a la estación… Quiero creer que siguen viviendo en otro plano, porque de lo contrario solo tendría ganas de maldecir a un Dios que es capaz de permitir que algo tan injusto suceda. Ese es el consuelo que nos queda a quienes nos quedamos aquí: confiar en que nos espera algo mejor que este lugar donde lo podemos perder todo en un suspiro. Supongo que creer es la única forma de salir cuerdo de esta realidad… Al final, para soportar la verdad solo nos queda la mentira.

stats