Postdata
Rafael Padilla
Todo se puede decir
Las inundaciones que está sufriendo Andalucía han causado grandes daños materiales y mucho dolor a miles de personas. Entre esos aspectos trágicos, han brillado otros muy positivos. El principal es el orgullo de ser andaluz. Andalucía está dando una lección de solidaridad y ayuda al prójimo. Eso ennoblece su identidad como pueblo; y se debe en gran parte a su educación y creencias. Y, por otro lado, hemos visto que las autoridades, empezando por el presidente de la Junta, Juanma Moreno, están haciendo lo que deben hacer, que es atender a las personas que sufren y olvidarse de politiqueos. Se ha asesorado por los técnicos para tomar decisiones a veces duras, como evacuar a todos los vecinos de Grazalema. La lealtad institucional también la está ofreciendo el Gobierno de Pedro Sánchez, a diferencia de lo que sucedió en Valencia.
Eso es lo que quieren los ciudadanos. Políticos que aporten soluciones, o al menos lo intenten, y que no se dediquen sólo a rebuznar unos contra otros. Ese espíritu andaluz, que ha sorprendido en otros lugares de España, donde les suena raro, aquí nos parece bastante más normal. Y es lo que debería quedar como legado de esta catástrofe, para afrontar problemas que se vienen sufriendo desde el siglo pasado.
Hay que mirar a largo plazo, para una nueva política en la gestión del agua en Andalucía. No puede ser que un municipio con restricciones de agua en verano sufra inundaciones en invierno. Ahí falla algo. No olvidemos que la Junta estaba analizando el suministro de agua potable en barcos a Almería y Málaga y utilizar más desaladoras. Y ahora estamos viendo desembalses masivos de pantanos, que llenan de agua los ríos, causan más inundaciones, y para colmo se desperdicia. Esa agua que perdemos hoy quizás la echaremos en falta dentro de cuatro o cinco años.
En Andalucía hay más de 50 pantanos desembalsando agua, pero la capacidad media está aún en torno al 60%. El más grande, que es el de Iznájar, situado entre Córdoba, Granada y Málaga está al 46,23%, mientras en las mismas provincias padecen inundaciones. Y en Almería la media de los embalses está a sólo el 9% de su capacidad. Hacen falta nuevos pantanos, ampliaciones, más trasvases y mejores conexiones.
Todo eso merece un gran acuerdo, que ayude a prevenir, y que evite sufrimientos a los que no tuvieron agua en el grifo y ahora ven su casa inundada.
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