Fiat Lux

03 de enero 2026 - 08:00

El español de a pie tiene pocas luces en términos generales. De vez en cuando surge un faro de genialidad, porque no en vano somos un pueblo de artistas (en todas las acepciones de la palabra), pero la mayoría andamos a tientas por las tinieblas de nuestra propia mediocridad. El caso es que a oscuras todo el mundo se percibe inteligente, incluso atractivo, bañados con la luz velada que desprende la ignorancia.

Y aquí estoy yo mismo, iluminado por la pantalla, dando por comenzado el tercer año de unos artículos a los que nadie presta atención, creyéndome un erudito, un analista, un tertuliano (sin mayúscula) de tres al cuarto con aires de grandeza, que no pasa de simple juntaletras. Pero en mi complaciente soledad yo me veo listo y guapo; alto no, la verdad…

Nuestros gobernantes conocen perfectamente nuestra carencia lumínica. Viven de ella. De ahí que también nos la cobren a precio de oro, como bien preciado que es, sobre todo después del simulacro de apagón que nos dejó meridiano quién manda aquí. Por eso mismo se les ha encendido la bombilla una vez más al grito de Eureka (no Euskera, que si no alguna afrutada política es capaz de refundar ETA). Una bombilla que en estas Navidades ha venido perfectamente geolocalizada en forma de baliza para nuestros utilitarios, en un deslumbrante alarde de creativa ceguera colectiva.

Donde antes triangulábamos nuestros accidentes y averías, ahora destellearemos satisfechos sacando el brazo por la ventanilla cual policía secreta, reinventando así las luces de emergencia (warning para quienes van al gimnasio y están aprendiendo inglés para no perderse en la tabla de ejercicios). Porque nos gusta mucho reinventar el fuego de vez en cuando, no suceda que pasemos a la historia sin pena ni gloria. Eso, a todas luces, sería intolerable… Se ve que nadie ha caído en la cuenta de que hasta las ambulancias y los bomberos tienen que poner sus sirenas al máximo de potencia para que les veamos venir.

En este mundo donde impera la tontería posmoderna, el esnobismo rebañego, la mocedad perenne y la lobregura de espíritu, que nos pongan una bujía obligatoria en el techo nos hace hasta ilusión. Ahora somos el único país del mundo donde creeremos que la luz no viaja en línea recta y confiaremos en que, antes de llegar a una curva, sea la gravedad (en este caso, del accidente) la que curve el espacio-tiempo y nos avise del peligro. La baliza será la nueva niña de la curva. Estamos a un paso de creer que la Tierra es plana... Lo dicho, tenemos pocas luces y ni siquiera homologadas.

stats