En tránsito
Eduardo Jordá
Una extraña fascinación
Si Pedro Sánchez hubiera acudido al Congreso para decir a los representantes del pueblo que el Gobierno condena la guerra de Trump y Netanyahu contra el país de los tiranos clericales por vulnerar la legalidad internacional, que España no prestará asistencia al esfuerzo bélico desde las bases militares de utilización conjunta, que sólo se defenderá si es agredida y que protegerá a cualquier socio europeo que sea atacado por Irán, habría logrado el respaldo de la mayoría parlamentaria y el aplauso de la gran mayoría de los españoles. Algo imprescindible en toda cuestión que afecte a la paz y la guerra. En estos casos no se puede decidir sin contar con el parlamento y la opinión de la gente.
La posición de Sánchez es correcta, como lo está siendo con la agresión rusa a Ucrania, con la importante cualidad de que no implica apoyo ni complicidad con el régimen iraní. Pero está mal explicada a los españoles y manipulada en beneficio del presidente, y lo peor es que eso obedece a un cálculo político enteramente pensado y deliberado. No es un fallo casual o negligente.
A ver. Si Sánchez hubiera sido sincero y honesto, no habría comparecido ante los ciudadanos a base de tuits y una declaración sin periodistas para hablar de un asunto tan grave ni habría ocultado una parte sustancial de su pensamiento y su voluntad: que el compromiso de España con la paz implica prestar ayuda a cualquier socio o aliado que sea agredido por los que están en guerra (por eso se ha enviado nuestra fragata más potente a la defensa de Chipre, miembro de la Unión Europea) y que la prohibición de utilizar las bases por los aviones estadounidenses es más teórica que real: basta con que hagan escala en otro país antes de dirigirse al escenario bélico.
Pero, claro, explicar la posición del Gobierno –curiosamente, es la misma que la del derechista Macron y la ultra Meloni– sin estos matices y precisiones habría arruinado el objetivo fundamental de la (no) comparecencia de Pedro Sánchez: presentarse ante España y el mundo entero como el único gobernante capaz de hacerle frente al presidente más tóxico, matón y grotesco de la historia USA, el último baluarte contra el imperialismo de la gran potencia norteamericana y el depositario universal del ansia de paz. La némesis de Donald Trump.
El “No a la guerra” disfraza un “Sí a Mi Persona”. Más detalles, mañana.
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