Fragmentos
Juan Ruesga Navarro
¿A qué espera Andalucía?
Hay fotos en las que me gustaría dejarme caer como Alicia en la madriguera del Conejo Blanco. Para compartir mesa con Duke Ellington oyendo cantar a Ella Fizgerald, acodarme en un balcón de Madrid con Falla, Rubinstein y Pastora Imperio, sentarme en la cabina de los estudios Warner con Richard Lester mientras John Barry graba Petulia o pasear por los jardines del Alcázar con Romero Murube y Ravel.
Acabo de ver una en la que me gustaría haber estado. Ilustra el artículo La hermandad secreta que revolucionó el género policial. En ella Agatha Christie, con un sombrero country british muy a lo Miss Marple, y Dorothy L Sayers, con sus impertinentes con cinta, sonríen oyendo a un alegre y riente Gilbert K. Chesterton embutido en un holmesiano abrigo Inverness. Agatha tiene una taza de té en las manos, Dorothy está fumando y Gilbert sostiene un vaso de espirituoso contenido. Estamos en 1930. Los tres, junto a Anthony Berkeley –más conocido como Francis Iles– acaban de fundar el Detection Club. Ese año Christie acababa de publicar Muerte en la vicaría, la primera novela de Miss Marple; Sayers, Veneno mortal, la sexta novela de Lord Peter Wimsey; y Chesterton, esa obra maestra de la paradoja llamada El club de los incomprendidos en la que presenta a un asesino moderado, un charlatán honrado, un ladrón absorto y un traidor leal.
Qué vivos están los muertos en sus obras. Más que algunos muermos. Y cuánto tiempo pasamos con ellos. Tanto o más que con los vivos. Sumen los siglos de libros, músicas y películas que tan pocos años, por muchos que vivamos, tenemos para disfrutar y saquen conclusiones. Y, volviendo a la foto de Christie, Sayers y Chesterton, ¡cuánto debemos a estos genios del entretenimiento inteligente! Sayers y Chesterton, además de escribir novelas policíacas, fueron investigadores, traductores, ensayistas y eruditos. Christie solo escribió novelas de misterio que parecían destinadas a ser leídas y olvidadas. Por eso es la más pura de los tres. Este año se conmemora en todo el mundo el cincuenta aniversario de su muerte. Lejos de ser olvidada, vive en la ininterrumpida edición de sus obras, por las que tan agradecidos le estamos quienes nunca dejaremos de leerla por el puro placer de volver a encontrarnos con Poirot y Miss Marple.
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