El patinete no es un juguete

26 de febrero 2026 - 03:08

Una vez más, de la necesidad se hace virtud. Así funciona nuestra política. La normativa para el patinete en las calles de Sevilla ha entrado en vigor. Son medidas de sentido común, que llegan con retraso. La DGT, que comanda el incombustible Pere Navarro, no ha estado fina, ni el Ayuntamiento tampoco. Podían haber ahorrado trabajo en los servicios de Traumatología del SAS. Las medidas que entran en vigor no serán eficaces si la Policía Local no efectúa una campaña de controles y sanciones. Es decir, es lo mismo que sucedió con los cascos de los motoristas. Hasta que se lo tomaron en serio.

El patinete ya no es un juguete. Es un vehículo, que se utiliza para desplazamientos, e incluso para reparto y otros usos laborales. Los patinetes han proliferado en los carriles bici, por donde han circulado a peligrosas velocidades. Eso, en teoría, se va a terminar.

Los de mayor potencia deberán circular por las calzadas, como las motos, y no por las aceras, ni zonas peatonales donde con frecuencia se les ve. Es obligatorio el casco. No pueden superar los 25 kilómetros/hora. Y sólo se permite que lo use el conductor, está prohibido que vaya un pasajero. Todas esas normas se incumplen en un alto porcentaje de los patinetes que circulan.

El SAS puso el foco sobre los patinetes. Cada día atienden a más de dos heridos por accidentes de patinetes en el hospital Virgen del Rocío. Es la principal causa de accidentes de tráfico en Sevilla, y la que más aumenta, por delante de la bicicleta, la moto y el coche. La mayoría de los accidentados son jóvenes. La edad media de los hospitalizados por accidentes de patinetes es de 21 años. Pero, entre los atropellados, hay un alto porcentaje de ancianos y niños, que son los más desprotegidos. Este dato obliga a tomárselo en serio.

Y ahí empieza el lío. Es impopular organizar una cruzada contra el patinete. La mayoría de los usuarios son jóvenes. Se considera un vehículo para pobres, como las bicicletas en la posguerra. Y muchos son vecinos de los barrios periféricos, donde no llega el Metro, ni quizás llegue nunca. Está demostrado que se utiliza como alternativa a las carencias del transporte público. Es un sector modesto de usuarios del transporte. Pero es necesario concienciarlos para que cumplan las normas, porque las principales víctimas son ellos mismos.

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