La ciudad y los días
Carlos Colón
Ser andaluz con naturalidad, sin orgullo
Qué nueva versión del Rey Lear se podría escribir con el exilio del rey emérito en Abu Dabi. Por lo que sabemos, Juan Carlos sólo cuenta con dos criaturas fieles, ya que ha sido abandonado por toda su familia y cortesanos y amigos, tal como le pasó al viejo rey Lear de Shakespeare cuando le llegó la hora del exilio en el páramo. A su lado, el Emérito sólo tiene a su nieto Froilán, que de algún modo ha acabado representando el papel del bufón fiel que seguía al viejo rey Lear hasta el final. Y aparte del nieto, al que imaginamos malhumorado y aburrido a todas horas, la única compañía que le queda –según cuentan las crónicas del Hola– es un loro blanco y mudo que tiene una cresta desplegable que luce los colores de la bandera de España (qué habría escrito Valle-Inclán con ese loro de cresta patriótica). Por cierto, todas las crónicas dicen que se trata de un loro, pero mi viejo amigo ornitólogo, el doctor Byrdmaniax, me aclara que no puede tratarse de un loro –los loros no tienen cresta–, sino de una cacatúa australiana, la cacatúa abanderada, de nombre científico Lophochroa leadbeateri. Aclarado queda.
Me pregunto qué hará el Emérito en sus largas horas de soledad. ¿Se acordará de sus años de exilio en Estoril, cuando los cortesanos amigos de su padre pasaban de visita y dejaban un fajo de billetes escondido en un libro para no humillar al heredero sin trono? ¿Se acordará de sus tiempos de joven príncipe, cuando iba a ver al general Franco al Palacio del Pardo y un día vio pasar un ratón bajo el severo despacho del Caudillo? ¿O se acordará de las horas amargas del 23-F, cuando todo el mundo jugaba a ser fiel y leal y todo el mundo intentaba traicionar a todo el mundo?
“Quien tiene una casa donde meter la cabeza, tiene una buena sesera”, le dice el bufón al rey Lear. Y el Emérito, que no ha leído el Rey Lear –ni falta que le hace–, se lamenta amargamente por haber llegado a ser un octogenario que no tiene una casa que pueda llamar suya. ¿No fue él quien salvó al país de un golpe de Estado el 23-F? ¿No fue él quien trajo la democracia? Pero nadie habla, nadie contesta. Y sólo se ven a lo lejos las luces inextinguibles del Burj Khalifa. Y cuando llega la noche, la cacatúa, siempre fiel, intenta consolar al viejo rey desplegando la cresta con la bandera de España.
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