Sevilla, un cuarto de siglo

05 de enero 2026 - 03:06

La ciudad ha experimentado un cambio radical en estos últimos veinticinco años al convertirse en una potencia turística con una oferta diversificada durante todo el año. A lo que han contribuido sin duda las peatonalizaciones de la Avenida, San Jacinto y Asunción, y el alargamiento del circuito de interés hasta la Alameda, pasando por la Encarnación. Que seguro se consolidará aún más con la peatonalización prevista en el Duque, Campana y Laraña. También han ayudado los reconocimientos tanto de la guía Lonely Planet en 2018 como la mejor ciudad del mundo para visitar y ser Capital Europea del Turismo Inteligente en 2023, con un aumento sensible de visitantes de los países de Extremo Oriente. En cifras ha pasado de 1,5 millones de visitantes a 3,5 millones en el año que ha terminado. Sevilla es hoy una ciudad un 80% más rica nominalmente que en el año 2000, pero con una mayor desigualdad interna. Con barrios como Los Remedios, Casco Antiguo y el entorno de la Buhaira que alcanzan cotas medias europeas y otros barrios como el Polígono Sur o Los Pajaritos que se han mantenido en rentas muy bajas ensanchando la brecha de desigualdad. La estructura económica de Sevilla ha experimentado un giro estratégico en este cuarto de siglo: ha pasado de ser una ciudad volcada casi exclusivamente en el sector servicios y la construcción, a tener la aeronáutica y la tecnología como referente. El Parque Científico y Tecnológico Cartuja es un gran motor económico que genera casi el 10% del PIB de la provincia de Sevilla. Y por otra parte la población universitaria ha pasado de 88.000 personas a 105.000 y eso a pesar del bajón demográfico, al ser uno de los destinos líderes en Europa en los programas Erasmus y otros con los países de lengua hispana, con más de 7.000 alumnos internacionales cada año. Cien mil personas en una ciudad de 700.000 es mucha gente. A los que hay que sumar otros casi cincuenta mil empleos directos entre el parque de la Cartuja, el sector aeronáutico y los más variables del sector turístico, pero con cuatro mil empleos en hoteles.

Ante estos datos y otros más globales, como el cambio climático, podemos sentir preocupación porque nuestra dependencia de factores externos es grande y las infraestructuras siguen siendo un importante talón de Aquiles para la consolidación en las direcciones comentadas: turismo de alta cualificación, tecnología, sector aeronáutico y demanda universitaria. Pero debemos admitir, sobre todo para los que ya no veremos los setenta, que el pasado es otro país como comentaba el escritor inglés L.P. Hartley en su novela El mensajero, llevada al cine magistralmente por Joseph Losey, con una inolvidable Julie Christie. Hay que aprender a vivir en este nuevo tiempo. Hay que saber vivir en este país, en el de ahora, para no ser un extraño entre los nuestros.

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