La clase media

16 de febrero 2026 - 03:09

La clase media en España, a través del consumo privado, es uno de los principales impulsores del crecimiento económico. No es una opinión, son datos que luego se pueden explicar desde el enfoque ideológico que se quiera. Sin ese consumo privado sectores como los servicios, turismo, automoción y otros se estancarían. Pero la subida de los precios de la cesta de la compra no ha cesado y los salarios no recuperan el poder adquisitivo. Tengo la impresión de que al haber cumplido los cuarenta o cincuenta, los jóvenes hedonistas que caracterizaron el final del siglo pasado, se están dirigiendo en general a hábitos de consumo de pequeños lujos (viajes, restaurantes, tardeos largos, muy largos, etc…) que drenan su capacidad de ahorro. Claro que en España se sigue viviendo muy bien, pero cada vez más en función de donde resides. Ganar 2.000 euros netos en una ciudad como Cáceres o Lugo te sitúa cómodamente en la clase media alta. Ese mismo sueldo en Madrid, Barcelona o Ibiza se percibe hoy como clase media-baja o incluso vulnerable. La clase media ha sido clave en la estabilidad del Estado de bienestar, principal proyecto de la Europa surgida de la Segunda Guerra Mundial, (otro día hablaremos del Plan Marshall y la recuperación de Alemania como última frontera frente a la influencia soviética) y que, hoy por hoy, creíamos que ya teníamos garantizado para siempre. Pero la Administración Trump nos está recordando que no es así.

Estas reflexiones me las ha refrescado la lectura del libro Los hijos de los boomers de Estefanía Molina, que trata precisamente del hundimiento de la clase media y cómo los mayores de 55 años tenemos el peso del voto electoral. Y que al no atreverse ningún partido a proponer medidas que puedan interpretarse como recorte de los derechos de los mayores, es necesario un nuevo contrato social para el equilibrio entre jóvenes y pensionistas. No estoy totalmente de acuerdo con todo lo que propone la autora del libro, pero ha sido interesante su lectura. Se podrá decir: qué va a decir usted con los años que tiene. Podría argumentar muchas cosas, como que no soy pensionista de la Seguridad Social y vivo de los ahorros de mi vida profesional, pero no siento la necesidad de disculparme. Aunque estoy muy de acuerdo con las palabras con las que cierra el libro: “…sentirte dueño de tu destino quizás sea el mayor acto de justicia social que podemos alcanzar quienes venimos de familias trabajadoras o humildes. Y porque creo que esa idea de progreso da sentido a la vida de cualquier humano, también confío en que ese mismo sentido de trascendencia puede salvar nuestra democracia todavía. No es perfecta –ni lo será nunca–, pero la posibilidad de elegir el propio camino sigue siendo el mejor sistema de organización política que la humanidad haya conocido”. Y eso sirve para cualquier generación.

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