Pasión Vega: “Con las heroínas de Almodóvar he pasado del amor a la venganza”
La artista publica un disco dedicado a las canciones de la filmografía del director, que interpreta este domingo en el Maestranza y que revivirá también en Huelva y en Málaga.
"Lorca es un pintor de gran belleza con una mirada social"
En el cartel de su nuevo proyecto, Pasión Vega se acerca un teléfono al oído mientras se muerde uno de los dedos. Podría ser el gesto de una mujer que espera con impaciencia noticias de la persona amada, aunque la imagen reserva otras lecturas: quizás en ese semblante lo que parecía una sonrisa nerviosa –un corazón expectante– no es sino la expresión pícara de quien acepta y celebra su deseo. Ni ese atrezo del teléfono ni ese ánimo abierto al amor son casuales, porque la cantante malagueña –nacida en Madrid– publica este viernes Pasión Almodóvar, un disco en el que reúne algunas de las canciones emblemáticas que suenan en la filmografía del director manchego. Este domingo presenta el álbum en el Maestranza, en Sevilla; el 25 de abril lo hará en Huelva, en la Casa Colón, y en tres fechas de junio –25, 26 y 27– emocionará a sus paisanos en el Teatro Soho Caixabank de Málaga.
Fue el director de escena Joan Anton Rechi –un creador versátil que visitó el pasado otoño el Festival de Ópera de Sevilla con Combattimento, una obra inspirada en Monteverdi– el que propuso a Pasión Vega embarcarse en un espectáculo concebido para dos citas, el ClàssicAnd, que coordina Rechi en Andorra, y el Festival de Perelada. La intérprete no pudo resistirse a un montaje que, visto el material del que partía, le daba alas para el lucimiento. “Me pareció una idea tan increíble, tan bonita”, recuerda la artista, “que de inmediato pensé en las canciones que podríamos incluir. Hay tantos momentos y tanta música en el cine de Almodóvar, canciones que ocupan escenas enteras y que no se limitan a un trozo, los playbacks que hacen los personajes... Había un ramillete muy extenso, y esos temas no sólo reflejaban la historia personal de cada uno de nosotros, sino también la historia de un país. El camino que hemos hecho desde que alguna gente se salía escandalizada de las primeras películas de Pedro hasta ahora. Oyes cualquiera de estos estribillos y te vienen a la cabeza secuencias icónicas de su cine, pero también piensas en cómo nos hemos regenerado y modernizado como sociedad”.
Apoyada en el piano de Moisés P. Sánchez –“uno de los músicos más interesantes que tenemos”–, Pasión Vega rescata clásicos tan diversos como Quizás, quizás, Cucurrucú Paloma, Puro teatro o Se nos rompió el amor. Un conjunto que plasma en sus letras con extraordinaria lucidez –igual que ocurre en el corpus almodovariano– el magma contradictorio de los afectos. “Tal vez sería mejor que no volvieras, / quizás sería mejor que me olvidaras. / Volver es empezar a atormentarnos, / a querernos para odiarnos, sin principio ni final”, canta la andaluza en Encadenados, compuesta por el mexicano Carlos Arturo Briz Bremauntz y uno de los cortes que sonaba en Entre tinieblas. “Al elegir este repertorio no solamente reivindicábamos a los intérpretes, también a unos autores maravillosos de toda América Latina y de Europa, porque por aquí aparecen también el italiano Nino Ferrer, el creador de Un año de amor que popularizó Mina y a la que Luz Casal puso voz en Tacones lejanos, y Jacques Brel, cuyo Ne me quitte pas se oía en La ley del deseo”, explica Pasión Vega sobre una selección que incluye también a otros genios como Manuel Alejandro, José Alfredo Jiménez, Agustín Lara y Rafael de León.
Dueña de una madurez vocal que le permite combinar el sentimiento y la templanza, y desdoblarse dependiendo de la ocasión en una diva del jazz o una reina de la copla, la cantante viaja en el disco y el espectáculo por estados diferentes del alma humana. Acercarse a las heroínas de Almodóvar le ha permitido “pasar del amor absoluto a la venganza o el despecho”. Vivencias que aquella joven que estudió Arte Dramático aborda con convicción, identificada con la fiereza de las letras y la tenacidad de esas mujeres que reman contra la adversidad en los filmes del director, “no importa que sean amas de casa, prostitutas o escritoras: coinciden en que no son convencionales, y que buscan su libertad”.
Su artífice plantea Pasión Almodóvar como un homenaje a leyendas como La Lupe –no falta aquí su Puro teatro, otra gozosa catarsis de un corazón roto– y a Chavela Vargas, invocada en himnos como En el último trago o Luz de luna. “Ellas pasaron por muchas vicisitudes, pero al final permaneció su talento, su arte, su personalidad. Pudieron brillar en un mundo dominado por los hombres, expresar abiertamente sus emociones”, apunta Pasión Vega, que se conmueve cuando recuerda cómo el apoyo de Almodóvar otorgó una “segunda vida” a Chavela y la relanzó hasta un glorioso concierto en el Teatro Olympia de París. “Ella enseñó al mundo cómo se ríe, y cómo se llora, y cómo se interpreta una canción”, valora una profesional distinguida con la Medalla de Andalucía y cuatro Premios de la Música, y que a lo largo de su carrera ha colaborado con otros referentes como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Barbara Hendricks, Omara Portuondo o Gustavo Dudamel.
“Chavela Vargas enseñó al mundo cómo se ríe, cómo se llora y cómo se interpreta una canción”
Las actuaciones en las que Pasión Vega comparte con el auditorio su nuevo disco relucen con ese “technicolor” que atraviesa el universo de Almodóvar. Elementos como “unas bombillas que me rodean en un arco, unas cortinas de cabaret” y el imprescindible teléfono completan una escenografía en la que su protagonista cuenta “lo que siento con las canciones, la historia de Chavela o de Miguel de Molina”. Arropada por su aliado Moisés P. Sánchez, también por el violonchelo y la guitarra de Sergio Menem, la percusión y la electrónica de Pablo Martín Jones y el contrabajo de Toño Miguel, Pasión Vega promete “ser más arrebatada que en el disco, donde busqué cierta contención, porque un álbum se escucha una y otra vez y mucha intensidad puede cansar. Pero en un concierto es distinto: recibes la energía del público, y a menudo se rompe la cuarta pared, surge algo mágico y ahí es absurdo frenarse. Te dices: Me tiro por la borda, me tiro por donde me tenga que tirar”, anticipa entre risas.
Almodóvar, desvela la cantante, aún no ha podido ver el espectáculo “aunque nos dio permiso para usar su nombre”. En el estreno en Perelada, sin embargo, Pasión Vega entonó alguna canción agarrada de la mano de Marisa Paredes, que se encontraba en el patio de butacas, un episodio que tras la repentina muerte de la actriz rememora hoy con una “emoción inmensa”.
La entrevista transcurre en Sevilla, y Pasión Vega regresa en su memoria a un capítulo de sus comienzos, a mediados de los 90, cuando se reveló como una rotunda promesa en el ciclo Sevilla y la copla en el Teatro Lope de Vega. “Yo me acababa de cortar el pelo, y me presenté allí con una pinta que poco tenía que ver con lo que se esperaba de una folclórica, sin la bata de cola. Estaba nerviosísima, tenía delante a grandes damas de la canción como Imperio Argentina o Juanita Reina, imagínate, pero todo salió bien”, recuerda esta veterana que se sonroja al evocar a aquella chica primeriza. “En esa época me tiraban las chaquetas al escenario en señal de admiración, y yo no sabía que había que devolverlas y me las llevaba. Y tenían que venir al camerino a reclamarlas”, rememora divertida. “Aquí firmé también mi primer autógrafo. Y yo, toda inexperta, le preguntaba a quien me lo pedía ‘¿Pero qué te pongo?”, añade entre risas. La nostalgia da paso al balance. “Quién le iba a decir a esa muchacha que iba a grabar todos estos discos, actuar en esos escenarios, tener estos proyectos tan maravillosos”, exclama ante una carrera que suma ahora un nuevo e inesperado logro: ser, a su modo, una chica Almodóvar y encarnar con su voz el temblor del amor y la emoción de la vida.
También te puede interesar