La médica de Jaén que convirtió su enfermedad en motor de superación: "Querían que no llegara y, por eso, me esforcé aún más"
Diagnosticada con osteogénesis imperfecta, Marina Conejero espera la nota del MIR decidida a cumplir su sueño de ser pediatra
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Desde que tiene uso de razón, Marina Conejero conoce a la perfección el funcionamiento de un hospital. Pasar consulta, realizar pruebas o colocar medicación estaba muy presente en su día a día. Y es que, la joven de Baños de la Encina, fue diagnosticada con osteogénesis imperfecta, más conocida como "huesos de cristal". Sin embargo, lejos de limitarla, su enfermedad despertó en ella un sueño que estaba dispuesta a cumplir: ser pediatra.
En concreto, la osteogénesis se trata de un trastorno genético poco frecuente -una enfermedad rara- que afecta la producción de colágeno tipo I, esencial para la fortaleza de los huesos. Esta alteración hace que los huesos se fracturen con facilidad, incluso con golpes leves, y puede acompañarse de baja estatura, debilidad muscular, problemas dentales o auditivos y alteraciones en el color de los ojos.
En España, se estima que hay entre 2.500 y 4.000 personas diagnosticadas, de las cuales unos 715 son menores y el resto adultos, aunque las formas más leves podrían no ser detectadas nunca. Cada año se registran alrededor de 269 nuevos casos.
Su decisión iba más allá de la pasión de servir a los demás. Lo tenía claro porque lo había vivido desde dentro y porque considera que su experiencia puede ayudarla a empatizar con los pacientes y sus familias, especialmente en el ámbito de las enfermedades raras. “El hecho de tener una y haber visto a mis padres luchar por mí creo que es algo positivo”, afirma a Jaén Hoy.
A día de hoy, a sus 24 años y con la carrera terminada, espera la nota del MIR. Aún no hay listas provisionales y podría no saberse nada hasta mayo. La incertidumbre es total. “No sabemos nada oficial, y además depende de lo que elija el resto de personas”, explica. Más de 15.300 aspirantes se han presentado este año al examen, una oposición que se prepara de forma intensiva durante meses. Ahora, tras el esfuerzo, tan solo queda esperar y, si no es este año, "se volverá a intentar otra vez".
El camino para Marina no siempre fue fácil y no por su enfermedad. Crecer en un pueblo pequeño tuvo luces y sombras, especialmente, en lo referente a los prejuicios. En el colegio y el instituto vivió situaciones complicadas, con burlas e incluso episodios duros que aún recuerda con claridad: "Algunas personas me querían tirar por las escaleras del instituto”. Pese a las trabas, lejos de hundirse, convirtió esa experiencia en combustible para llegar a lo más alto. “Sabía que lo que querían era que yo no llegara hasta donde quería llegar, entonces me esforzaba aún más”, sentencia la joven.
Afortunadamente, al llegar a la universidad, en Ciudad Real, todo cambió. “En la carrera me han tratado exactamente igual que al resto”, subraya Conejero. A nivel académico no necesitó adaptaciones: hizo los exámenes como cualquier otro alumno. En las prácticas, sí recurrió a banquetas o taburetes para quirófano y disección, pero nada más allá de lo habitual.
Es consciente de que la medicina es muy amplia y que no todas las especialidades encajan con todas las circunstancias personales. “Hay que ser realistas”, reconoce. En su caso, no se ve dedicándose a cirugía por la exigencia física que implicaría, pero está convencida de que dentro de la medicina existen muchas vías para ejercer con plenitud.
Pese a los avances en materia de igualdad, admite que no se siente tranquila ante la elección de plaza y hospital, especialmente después de conocer a través de los medios casos en los que se han puesto trabas a profesionales con discapacidad. “He hecho las mismas prácticas que el resto en un hospital público y, si se me impidiera realizar mi trabajo por ello, las cosas no terminarían bien para el centro”, recalca. Si todo fuera tal y como la bañusca espera, le gustaría formarse en un hospital como Córdoba o Granada, donde pueda ver toda la amplitud de la especialidad, aunque después termine regresando a una ciudad más pequeña.
Más allá de su historia personal, Marina lanza un mensaje claro: la educación desde edades tempranas es fundamental. Considera que los centros escolares deben trabajar más la diversidad para que los niños entiendan que "no todos son iguales y que eso no es un problema". Con el paso de los años, han cambiado muchas cosas en la vida de la joven, pero hay algo que no ha cambiado: la determinación de llegar hasta donde se proponga.
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