ROCÍO JAÉN 2024

Los rocieros de Jaén son recibidos entre palmas a su llegada a Villamanrique de la Condesa

La hermandad de Jaén se presenta ante la parroquia manriqueña.

La hermandad de Jaén se presenta ante la parroquia manriqueña. / Mayte Garrido

Cuando apenas restan unos días para el Lunes de Pentecostés, las huellas en el camino se hacen más fuertes y el cansancio se adivina en las ojeras de los peregrinos. La hermandad de Jaén cumplía este martes con el ecuador de su trayecto para encontrarse un año más antes las plantas de su Virgen del Rocío. Las palmas que el sábado sonasen en el interior del templo catedralicio de la capital ahora parecen tan lejanas que se antoja escaso el tiempo que corre a contrarreloj para alcanzar la aldea. Los más de 300 romeros que acompañan al Simpecado de la filial jiennense encaran hoy el tramo final de su caminar.

Como un río Jordán dispuesto a acoger en sus aguas al más remoto de los cristianos, los rocieros jiennenses se abrían paso en la mañana de este martes por su cauce con la emoción de quien lo siente por primera vez. Los veteranos bautizaron a los nuevos peregrinos con la certeza de estar viviendo nuevamente uno de los momentos más inolvidables para la memoria de cualquier devoto de la Virgen. Ni las letras de antiguas sevillanas ni el compás de las palmas sordas logran congelar el instante en el que el río y el hombre se hacen uno solo. El cruce por este vado de la localidad de Aznalcázar supone, de hecho, un paso obligado para más de 50 hermandades de toda España.

Los nuevos peregrinos se bautizan en las aguas del río Quema. Los nuevos peregrinos se bautizan en las aguas del río Quema.

Los nuevos peregrinos se bautizan en las aguas del río Quema. / Mayte Garrido

Jaén sueña con llegar

Con el beso húmedo del agua en los talones, la caravana de carretas continuó su recorrido llegada la tarde para hacer escala en Villamanrique de la Condesa en torno a las 19:30 horas. Se trata ésta de otra de las paradas clave para muchas cofradías filiales, especialmente en el caso de Jaén. Su vinculación con el pueblo manriqueño se debe a que en 1982 fue amadrinada de forma excepcional por la primera hermandad filial del orbe rociero. El recibimiento del Simpecado morado en la escalinata de la parroquia de Santa María Magdalena es una de las estampas más señaladas para los romeros cada año, que acuden en tropel para compartir una oración antes de embarcarse en el coto de Doñana.

Ya con las noches de camino a punto de morir, la hermandad de Jaén se enfrenta a las últimas horas que determinarán su llegada a Palacio. El acompañamiento espiritual de su consiliario, Pedro Montesinos, afianza la devoción mariana con la celebración de una solemne misa bajo el firmamento al final de cada jornada. Tal y como declarase la presidenta de la corporación, María Dolores Galán, a este mismo medio hace unos días: "El Camino es un momento de reflexión". Y será ya con la llegada al santuario cuando ese pensamiento se torne en llanto para orar sin medidas ante la Blanca Paloma.

La carreta del Simpecado cruza las aguas. La carreta del Simpecado cruza las aguas.

La carreta del Simpecado cruza las aguas. / Mayte Garrido

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