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Que la Catedral de Jaén es un lugar de arte es algo que quienes la hemos visitado ya sabemos. Que se celebran conciertos, también. Pero quizá, por curioso y original, el de este jueves sea una cita ineludible para los melómanos más empedernidos. Y es que este jueves, 18 de enero, a las 20:00 horas, el Coro de la Catedral será el escenario para el esperado concierto de la Brass Band del Conservatorio Superior de Música ‘Andrés de Vandelvira’ de Jaén, bajo la dirección magistral de Manuel Dávila. La entrada es libre hasta completar aforo.
El Conservatorio Superior de Música ‘Andrés de Vandelvira’ es un referente cultural en la provincia de Jaén. Fundado en el curso 2010/2011, se ha convertido en un centro oficial que ofrece enseñanzas conducentes al Título de Grado en Enseñanzas Artísticas Superiores de Música. Su creación, respaldada por el Decreto 338/2010 de la Junta de Andalucía, respondió a la creciente demanda de enseñanzas musicales en la región.
Desde sus modestos inicios con 34 estudiantes, el conservatorio ha experimentado un crecimiento constante, contando actualmente con alrededor de 210 alumnos. A lo largo de los años, más de 250 jóvenes músicos se han graduado, consolidando la reputación del centro como cuna de talento musical.
En suma, el Conservatorio Superior de Música ‘Andrés de Vandelvira’ ha obtenido la Carta Erasmus desde 2012, estableciendo acuerdos con conservatorios de Europa y Sudamérica. Esta iniciativa proporciona a estudiantes y profesores la oportunidad de sumergirse en experiencias pedagógicas y concertísticas en diferentes entornos culturales.
La creación del coro de la Catedral de la Asunción de Jaén, finalizado en 1736, refleja la influencia de José de Churriguera, con elementos arquitectónicos ampulosos. La sillería del coro, realizada en el siglo XVI y ampliada en el XVIII, presenta varias escenas religiosas. El órgano, originalmente barroco, fue reconstruido en 1943 tras su desmantelamiento durante la guerra civil.
En el espacio creado se ubicó la sillería de la Catedral gótica, ampliándose con nuevos añadidos, como la crestería y el guardapolvo de la silla episcopal, trabajos en los que intervinieron Julio Fernández y Miguel Arias, con tanta perfección, que resulta difícil distinguir las partes originales del s. XVI de las añadidas en el XVIII.
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