Los lavaderos ocultos que acaban de abrir en los Baños Árabes de Jaén y cuentan una historia olvidada
Los Baños Árabes de Jaén abren al público los antiguos lavaderos del Palacio de Villardompardo, un espacio histórico ligado a la memoria femenina
Los Baños Árabes de Jaén, los más grandes de España, dejan "con la boca abierta" a los turistas
Quien haya visitado los Baños Árabes de Jaén, en el Palacio de Villardompardo, en varias ocasiones, puede tratar de presumir de conocer todos los entresijos y salas disponibles en el monumental edificio del casco histórico. Hasta ahora.
Además de los propios hamman, los más grandes y mejor conservados del continente europeo (lo que le valió a su arquitecto, Luis Berges, la Medalla Europa Nostra), el palacio alberga el Museo de Arte Naïf ‘Manuel Moral’, único dedicado al género en España; varias salas de exposiciones temporales; un patio interior y uno exterior en el que se celebran conciertos y espectáculos en invierno y verano, respectivamente; el Museo de Artes y Costumbres; o el recientemente inaugurado espacio Miguel Hernández, dedicado al escritor alicantino, cuyo legado se salvaguarda en Jaén gracias al trabajo de la Fundación Legado Literario Miguel Hernández.
Sin embargo, el histórico edificio no deja de dar sorpresas y en estos días acaba de abrirse al público unas dependencias para todos desconocidas hasta la fecha: la sala de los Lavaderos del Hospicio y la Casa Cuna del Palacio de Villardompardo.
Ubicados en la planta -3 del centro cultural, se trata de un espacio auténtico que nos acerca al trabajo cotidiano de mujeres y niñas y al sistema de beneficencia de la Diputación Provincial de Jaén que marcó la historia de nuestra provincia.
Las pilas de piedra conservadas son originales y constituyen un testimonio material de una memoria femenina marcada por gestos sencillos, trabajo repetitivo y esfuerzo constante, tareas que rara vez dejaron huella escrita.
Durante más de un siglo, estos lavaderos formaron parte del Hospicio de Mujeres de Jaén, instalado en el Palacio de Villardompardo desde mediados del siglo XIX.
Se integraban en el sistema de beneficencia pública gestionado por la Diputación Provincial de Jaén, junto a la Casa Cuna, el cercano Hospital de San Juan de Dios y el Convento de Santo Domingo —hospicio de hombres—, formando un conjunto asistencial coherente por su función y su ubicación.
En esta planta sótano del edificio, mujeres y niñas lavaban la ropa de quienes habitaban estas instituciones: bebés, niñas internas, ancianas acogidas y mujeres de la Maternidad.
El lavado no era solo una tarea doméstica, sino parte de la educación, la disciplina y el sostenimiento económico del hospicio. Aprender a lavar, coser o planchar se entendía como una preparación para la vida adulta.
El agua, elemento esencial en la historia de Jaén, fue también aquí protagonista. Como antes en los Baños Árabes conservados bajo este edificio, acompañó la vida cotidiana de generaciones de mujeres, vinculando cuidado, esfuerzo y supervivencia.
Estos lavaderos no son un espacio recreado. Las pilas de piedra que hoy se conservan son testigos reales de una memoria femenina hecha de gestos sencillos, manos cansadas y un trabajo cotidiano que rara vez dejó huella escrita, pero que sostuvo estas instituciones día tras día.
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