Edadismo cofradiero
Edadismo cofradiero
Las hermandades, como reflejo de la sociedad de la que forman parte, han experimentado en los últimos años algunos de los vicios –y también las virtudes, lógicamente– que caracterizan su entorno social. Y no me refiero a la proliferación incontrolada de redes sociales de comunicación; sino a un progresivo desdén, incluso compasivo, hacia los hermanos de determinada edad.
El edadismo es una peligrosa e injusta lacra social que últimamente se impone, y hasta se razona en algunas hermandades sevillanas por la inmediatez de los cambios consustanciales de los mordernos factores cofradieros. La llamada falta de recorrido vital ha expulsado de determinados órganos de gestión –incluso del ámbito de los costaleros– a muchos hombres y mujeres de notable experiencia personal, que lo dieron todo por sus corporaciones, con argumentos vacuos de peligroso presentismo. El recurso fácil de que los cortejos procesionales son ahora complejos y diferentes, no se sostienen en absoluto en la mayoría de los casos si atendemos al verdadero carisma histórico de las cofradías sevillanas. Pues si algo ha caracterizado a nuestras hermandades durante siglos ha sido el valor y el respeto a los mayores y a su conocimiento del pasado, a su experiencia.
Es cierto que nunca gozaron las hermandades de tantos y buenos hermanos preparados, pero también lo es que el edadismo, tan azaroso por los que creen saberlo todo habida cuenta la inmediatez de los tiempos modernos, limita casi siempre el crecimiento cofradiero a largo plazo. Al fin y al cabo, también en las hermandades, como instruía a sus discípulos en el siglo XII el anciano teólogo y filósofo neoplatónico Bernardo de Chartres, “todos somos enanos subidos a hombros de gigantes”.
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