Alto y claro
José Antonio Carrizosa
¿Lágrimas por los ayatolás?
Si Europa tiene un papel que jugar en el mundo es precisamente el de la defensa de un orden basado en reglas y en valores. Que ello lo olvide la máxima representante institucional de la Unión Europea da idea de por dónde va el panorama internacional y de lo que cabe esperar del él. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión, el órgano de gobierno de la UE, ha negado la propia esencia de Europa en sus declaraciones de esta semana en las que justificaba el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán al margen de cualquier legalidad internacional. Argumenta Von der Leyen que no hay que lamentar la caída del sistema geoestratégico basado en el respeto al derecho internacional porque ya forma parte del pasado y que lo que hay que hacer es subirse al de las nuevas reglas en el que la fuerza es el argumento exclusivo. En una cosa tiene razón aplastante la dirigente europea: nadie va a derramar una lágrima por la caída del siniestro régimen de los ayatolás ni por la muerte del tirano que lo encarnaba.
Pero no se trata de eso, sino más bien de todo lo contrario. Se trata de insistir en que Europa no es lo mismo que los Estados Unidos de Trump, que la Rusia de Putin, que la China de Xi Jinping y que, por supuesto, el Israel de Netanyahu. Y que es perfectamente compatible desear la desaparición de la dictadura iraní con condenar los métodos de Trump y su aliado israelí.
La postura que han adoptado en este conflicto Pedro Sánchez y el Gobierno de España es la más coherente con lo que representa la idea de la Europa de los valores. Así ha sido apreciado en varios países del núcleo duro de la UE que han comenzado a virar en algunas de sus posiciones. Es cierto que, visto desde el interior de España, no se oculta que detrás de la postura de Sánchez hay intereses electorales de su partido y la necesidad de sacar la cabeza del profundo agujero en el que está metido por el abandono de sus votantes y de sus socios.
En esta ocasión, España acierta y se pone en evidencia la profunda crisis de liderazgo que sufre la UE. Se trata de una crisis que afecta a la misma esencia del proyecto europeo. El proceso de unidad europeo está enfermo de consideración y hay serias dudas de que con la deriva que experimenta llegue algún día a salir de la UCI.
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