Carnestolendas

14 de febrero 2026 - 10:10

En la exageración radica la verdad. De eso los andaluces sabemos algo. Con el agua al cuello como venimos estando desde hace semanas aún nos queda aliento para reírnos de nuestros dramas. Y en el escenario cotidiano en el que debutamos a diario mantenemos la mirada a quien nos viene de frente, pero le damos la espalda con sorna a quien pretenda domarnos.

No hay mayor arte que enmascarar con humor la rabia, la denuncia y la aflicción. Por eso nos gustan las máscaras para ocultar las penas, pero no las caretas de quienes nos toman por tontos. Porque, hablando de penas, pena nos dan las personas que nos pretenden ridiculizar sin darse cuenta de que a ironía no nos gana nadie.

Nos gusta el maquillaje del bueno; ese que no oculta los rasgos, sino el que los potencia. Ese que nos alegra y que pinta la realidad con los tonos de nuestra mirada. La purpurina que nace de las olas del mar y de los surcos del campo arado. Nos gustan los brillos, sobre todo de los ojos que miran con claridad al que necesita de nuestra luz.

Nos disfrazamos para ir con el alma desnuda, a pecho descubierto por la vida. Con ropas que no sean las nuestras, para que nos hagan sentir libres de ataduras y complejos. Con las vergüenzas al fresco, para que quien venga a palparlas se vaya escarmentado. Poca broma con la gracia; poca broma. Que el humor es cosa seria, porque nace de dentro, no de la piel fina.

Habrá quien piense que vivir así es comportarse como meros comparsas. Que lo importante es facturar... Pero eso, a la larga, pasa factura. Esa gente gris, que solo sabe contar dinero en lugar de contar historias. Esa gente amargada que hasta lo dulce le amarga. Esa gente mediocre que ni querer quiere… Esa gente no tiene cabida en mis planes; que se aparten, que no me manchen con su odio y mucho menos con su aplauso, pues prefiero mil veces un telonazo a la chirigota de mi vida que unas palmas sin compás tocadas por dos manos derechas.

A esa gentuza hipócrita, que va por el mundo pisando cuellos para no tocar el suelo, le canto a coro y a cappella, pasodobles y cuplés, a ver si de una vez se enteran de que nos les quiero ni ver. Ni yo, ni nadie de bien. Y que, aunque por desgracia, esta sociedad está llena de envidias y malas intenciones, mucho cuidado con venir a tocarnos los bemoles. Que ya está bien de venenos y amarguras. Bastante tenemos con no perder por momentos la cordura. Que me dejen, que nos dejen, disfrutar de la aventura…

El miércoles que viene todo será ceniza y a nivel local, en Jaén, tendremos un tranvía del que solo tendremos la vía; otro hospital privado, donde no huela a pobre al entrar; un centro comercial lejos del centro… En resumen, ojalá fuera carnaval todo el año y no nos tuviéramos que quitar ni el disfraz ni el maquillaje. Al menos, así no se nos vería la cara de payaso que tenemos mientras permitimos que los de las caretas nos sigan engañando. Ridi, Pagliaccio...

stats