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La Casa de Acogida Buena Madre, cuya gestión corresponde a Caritas Interparroquial de Jaén y que nace gracias a la gestión del uso hecho por los Hermanos Maristas, ha sido un centro de aprendizaje- aún me quedan dos días- muy bueno. La vida nunca siempre es lo que parece. Entre el edificio de la Buena Madre, que está al final de la avenida de Madrid, y la plaza de la Constitución apenas hay ochocientos metros de distancia, que son alrededor de quince minutos andando. En este trayecto se pasa de la oscuridad a la luz, del desamparo a la alegría, de la pobreza a la riqueza, del desánimo al mejor ánimo…
Cuando la tarde es abatida por la noche, comienza la dura batalla en la que muchos desamparados intentan buscar alojamiento para no dormir al raso.
Las noches de Jaén, en otoño e invierno, son todavía muy frías, aunque veremos dentro de unos años si las tornas no cambian y la época de la melancolía se convierte en una estación cálida debido al cambio climático. Apunte que señalo y que genera un gran debate que analizaremos en otra ocasión. Siendo este el siguiente: ¿El clima está cambiando de forma natural o es, fundamentalmente, por causa del hombre?
Ahora mismo, en el momento en el que estoy escribiendo esta reflexión, las temperaturas son muy bajas. Y esto es un arma peligrosa que despierta la furia de todos los que duermen en la calle ya sean españoles o extranjeros, ya sean musulmanes o católicos…
La Buena Madre, que pertenece a la Iglesia Católica y está regentada por Caritas como he dicho anteriormente, es un centro de humanización. Su labor es tan importante en esta ciudad que, a veces, criminaliza al emigrante, al diferente. En la Buena Madre no se hace nada especial, solamente seguir el Evangelio de Jesús. Es decir, igualar a todos los seres humanos del mundo independientemente de su raza, credo y condición social.
Es, pues, la Buena Madre un albergue en el que se le da cobijo al que no tiene techo, es también, una gran familia dirigida por su directora Mariángeles que junto con sus voluntarios y coordinada por su inmediata superior Fátima Jerez hacen más llevadera la vida de muchas personas, siendo algunos extranjeros que vienen a buscarse el sustento en muchos de los tajos de nuestra provincia.
En la Buena Madre he conocido a grandes personas iguales que tú querido lector que ahora miras con entusiasmo estas humildes palabras. Hombres como Othmane, con una formación impecable (domina más de cuatro idiomas) o como Moussa que es la bondad absoluta o Paulo, un gran conversador del que se puede aprender continuamente. Y no quiero olvidarme de los Manolos y Javi, ángeles que velan el sueño de los usuarios.
En definitiva, la Buena Madre es iglesia, es la aplicación del Evangelio de Jesús. No es sólo un espacio físico, sino también es un lugar espiritual en el que todos nos igualamos al llevar a cabo el mensaje de Jesucristo.
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