La Rayuela
Lola Quero
Una ratonera ferroviaria
La bondad y la miseria del ser humano quedan de manifiesto en las grandes ocasiones. En este país, cuando hay una catástrofe o un accidente grave, algunos empiezan a rebuznar incluso antes de que las víctimas sean socorridas. Y, por supuesto, antes de que se conozcan las causas del siniestro. En el terrible accidente ferroviario de Córdoba, algunos empezaron con el politiqueo en pleno rescate de cadáveres. Santiago Abascal, el líder de Vox, antes de la medianoche ya habló de un Gobierno de mafiosos con el que nada funciona. Y, al momento, ya estaban los medios del bloque progresista diciendo que la ultraderecha y la derecha aprovechaban el accidente para atacar al Gobierno.
El día después, ante la magnitud de la tragedia, con más de 40 muertos, había que guardar las formas. El presidente de la Junta, Juanma Moreno, recibió al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Adamuz. Se elogió su lealtad institucional. Y el Gobierno lo ha aprovechado para confundir lealtad con impunidad. Nadie tiene culpa de nada.
Por no echar leña al fuego, baste con recordar los tuits de Óscar Puente este verano sobre los incendios de Castilla y León, que parecía que los había prendido el presidente Mañueco en persona. O, sin apartarnos de la cuestión ferroviaria, lo que se publicó en 2013, cuando gobernaba el PP y murieron 80 personas en el accidente de un Alvia cerca de Santiago de Compostela. El siniestro sucedió porque el tren circulaba a más del doble de la velocidad permitida en una curva. Un fallo humano, del que algunos culpaban al Gobierno. En el juicio fue condenado el maquinista a dos años y medio por 80 homicidios, y también el director de Seguridad de Adif.
Entre el domingo y el martes hubo accidentes con dos trenes de alta velocidad en Andalucía y otros dos trenes de Rodalies en Cataluña. Entre los muertos, hay un maquinista y un auxiliar. Podríamos preguntar: ¿qué dirían los del bloque progresista si esto ocurre con un ministro de Transportes del PP?
Hubo casualidades terribles. En eso tiene razón Óscar Puente: si no se cruza, en ese momento, el Alvia de Huelva con el Iryo que descarriló quizás no hubiera muerto nadie. Y el muro se desplomó, de repente, contra el tren de Rodalies por el temporal. El azar repartió billetes para morir. Pero la crisis ferroviaria no se debe sólo a la mala suerte.
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