Miserere, evocación del maestro Torres

20 de febrero 2026 - 03:08

Primer viernes de cuaresma. Lo que no es solo mío, sino que fue, es y será de los míos, está dispuesto. El cuerpo altar del Gran Poder, velado. El Calvario en su altar de quinario. Jesús Nazareno aguardando el primer viernes de marzo. La Amargura y la Esperanza Macarena, de hebrea.

Antes que Amargura dirigida por Braña en el LP de 1967 y que Soleá, La Dolorosa, El ángel, Nuestra Señora de los Dolores y Virgen del Mayor Dolor interpretadas por las más puras cornetas y tambores de la Centuria Romana Macarena en el single de 1974, que es lo primero que oigo cuando llega la Cuaresma (nunca antes, porque lo poco gusta y lo mucho cansa, y las emociones deben aguardar su tiempo), en el año del 150 aniversario de Falla empiezo con la casi centenaria grabación del Miserere de Eslava que su amigo y colaborador, el maestro Torres, grabó para La Voz de su Amo en el Teatro San Fernando entre el 2 y el 4 de abril de 1928 con Pedro Checsan, Zacarías Arcos, Gabriel Olaizola, la Coral Polifónica de la Catedral y niños seises (lo tienen en Spotify como Célebre Miserere de Eslava y saetas).

Grande fue Eduardo Torres para Sevilla desde que ganó la plaza de maestro de capilla de la Catedral en 1910, dedicándose incansablemente al fomento de la cultura musical desde la catedral, el Ateneo, la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País y la Sociedad Sevillana de Conciertos. Él, con Falla, fue el artífice de que el estreno mundial de El retablo de maese Pedro tuviera lugar en Sevilla el 23 de marzo de 1923, dirigió los ensayos y seleccionó al seise Francisco Redondo para que interpretara al Trujamán, lo que hizo con tal maestría que Falla quiso llevárselo a París para el estreno escénico. No lo logró –“Hoy tengo ensayo. El chico marchará bien, pero no tanto como el de Sevilla” escribió desde París– pero sí que lo estrenara en Madrid el 28 de marzo de 1924 con la Orquesta Filarmónica de Madrid y Falla al clave. Él, con Falla y Segismundo Romero, fue el fundador de la Orquesta Bética de Cámara en 1924, que el maestro gaditano quiso que él dirigiera. Él, con Norberto Almandoz, Segismundo Romero y Manuel Navarro, fue uno de los fundadores del Conservatorio Oficial de Música de Sevilla en 1933. No es poco. Memoria agradecida debe guardar Sevilla a este sacerdote.

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