La lluvia en Sevilla
Carmen Camacho
Tachaduras
Vengamos al cartel anunciador de las Fiestas de Primavera, muy útil por si a alguien de Sevilla se le olvidara el Domingo de Ramos o la Noche del Pescaíto. Las consideraciones artísticas se las dejo a voces más autorizadas, como la del profesor F. Javier Rodríguez Barberán, cuya valoración del cartel –al igual que la que hizo del de Semana Santa– la aproveché para aprender cosas. Yo hoy me quiero detener en los textos del cartel de Daniel Franca, con tipografía muy guapa de Ale Rojas. En concreto, me fijaré en las tachaduras. Al parecer, las actividades que en el cartel aparecen tachadas pero legibles eran festejos que se celebraban antiguamente y que, cual túmulo de Felipe II, fueronse y no hubo nada. Así el artista parece invitarnos a recordar aquellas cosas de las que apenas quedan rastro. Desde aquí reivindico el regreso de las mismas, librarlas de las argollas del tachón y el polvo de los años.
Voy tachado a tachado: la alegre diana por las calles no hace falta que regrese. Para despertarnos del dulce sueño ya tenemos el festival Elrow en La Cartuja, que el sábado pasado por poquitas nos descuelga las vísceras con los chunda-chunda. La exposición de ganados tampoco la echamos de menos; no hay Copa del Rey en el que los hooligans carpetovetónicos no las recreen con primor, regando de meadas la villa y partiendo cosas a su paso. Que vuelvan las carreras de caballos, y que para ello corten avenidas principales desde la tarde de antes, como en la maratón –o la salida de las carretas, las extraordinarias, los traslados…– (y no te quejes, haberte ido a vivir a Portugalete). Lo de “elevación de fantoches” no sé qué es, pero con los influencers que hacen de Sevilla su photocall ya sobra. Que vuelva la “abundante limosna”, con lucimiento del señorío (Responsabilidad Corporativa, lo llaman). Y la ópera italiana, el certamen artístico, la exposición de bellas artes, los concursos de bandas de música ¡y las tracas! Que vuelvan las tracas, así se infarten las mascotas (el perro, como el toro, no sufre). Me apuntaría del tirón –y conozco a muchos que se alistarían a mis filas perdedoras– a las batallas de flores, las carreras de cintas y, por supuesto, a un certamen literario de ripios muy ripiosos. Propongo de hecho comisariarlas yo misma. Y que vuelva el certamen científico, por favor, para esos días tontos que median entre el capirote y el mantoncillo. ¡Probetas a la calle!
También te puede interesar
La lluvia en Sevilla
Carmen Camacho
Tachaduras
La ciudad y los días
Carlos Colón
Miserere, evocación del maestro Torres
Crónica personal
Pilar Cernuda
Marlaska hace trampa
El mundo de ayer
Rafael Castaño
El regreso de Martin Guerre
Lo último