Fragmentos
Juan Ruesga Navarro
Una nueva generación, un mundo nuevo
Una experiencia que recomiendo es mantener contacto, a ser posible, con gente joven en el trabajo. Por fortuna colaboro en diversos cursos de máster universitarios de artes escénicas, donde hablo de arquitectura teatral y de escenografía. Mantiene la cabeza despejada y ayuda a comprender a las nuevas gentes y siempre facilita una buena comunicación mostrarte tal como eres, para que ellos hagan lo mismo. En este curso me he dado cuenta que la mayoría del alumnado ha nacido en el siglo XXI. Da un poco de vértigo. Pero también da satisfacción notar que llegan formados y con ganas de aprender. Una gran suerte para todos nosotros. Vienen de música, bellas artes, arquitectura, comunicación, arte dramático, etc… y quieren saber, saber más, para poder trabajar, investigar o enseñar en un futuro más o menos inmediato. Y lo subrayo, por el contraste que ofrecen con los comportamientos de políticos y otros responsables públicos, que dan la imagen de una sociedad sin futuro.
Siempre hay una nueva generación. En todo. Afortunadamente. Y les digo que están bien preparados y con ganas de mostrar lo que saben y pueden hacer. Valoran lo que hicimos y aun lo que seguimos haciendo, pero con una visión más desprejuiciada y sistemática. Y piden su sitio. Aunque saben que las personas más positivas y creativas de las generaciones anteriores, en el mejor de los casos, constituyen el establishment cultural y artístico. Y que, en una profesión o grupo social, el grupo dominante más visible o élite, tiende a perpetuarse en las posiciones de privilegio. Pero, por contra a otras generaciones anteriores, que acuñaron el término de “están amortizados”, creo que esta no los rechaza.
Parece que su mejor formación y conocimiento no les hace caer en el adanismo de juventud, que todos hemos cometido. Porque saben que algunas de las obras más trascedentes de nuestra cultura son obra de madurez muy avanzada. No podemos borrar de un plumazo la obra realizada por mayores de cincuenta años en siglos pasados, que ya era una edad, porque desaparecerían obras como Las Meninas de Velázquez y El Quijote de Cervantes. La Cartuja de Parma de Stendhal y Cien Sonetos de Amor de Pablo Neruda. En economía la obra clave de Adam Smith, Inquity into the Nature and causes of the Wealth of Nations. En arquitectura, los longevos Le Corbusier y Frank Lloyd Wright, como Picasso en pintura y Peter Brook en artes escénicas. La edad no agota la creatividad ni el caudal de conocimientos adquiridos como lo demuestra la obra de tantos y tantos maestros. ¿Por qué prescindir del capital humano y de conocimiento de los mayores? Creo que es un despilfarro. Y más en una sociedad longeva como la española. De todas formas, la nueva generación pide su sitio, como no podía ser de otra manera. Y creo que es bueno que vivamos en su mundo nuevo.
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