Confabulario
Manuel Gregorio González
Una buena noticia
Una forma de perder el tiempo con gustosa tranquilidad es hablando uno del tiempo. No piensen en trenes de borrascas ni en el solecillo de estos días amables. Me refiero al tiempo secuencial que pasa y nos consume y también al tiempo que se experimenta y se vive. Cronos vs Kairos. Es como el otro derbi entre dioses griegos, ya que estamos en la futbolera semana de autos en la ciudad.
Hay muchas formas de registrar la monodia del tiempo. Cuatro años han pasado ya del inicio de la guerra de Ucrania y de que supiéramos que en Sevilla existe una iglesia ucraniana de rito católico y no ortodoxo en la calle Santa Clara. Cada 23-F volvemos a escuchar los cansinos debates sobre el golpe del tricornio. Del “¡Se sienten, coño!” pasamos al 28-F, el Día de Andalucía, que a uno le recuerda año tras año su gatillazo como andaluz con cara de cera tiniebla (mi escaso fervor andaluz lo sobrellevo como las almorranas: en silencio y, por supuesto, sin el vigorizante Cialis a mano).
Más que los días señalados, a uno le gustan más los días como inocuos y tontones que van pasando sin más. Prefiero saludar un día a Cronos y otro a Dios Padre por cada día efímero que pasa con su menudencia y su ofrenda. Hoy mismo, 25 de febrero, es el Día Mundial del Implante Coclear (las personas sordas pueden oír gracias a la estimulación eléctrica de las células acústicas en el oído interno). Ayer fue ni más ni menos que el Día Mundial del Barman, ideal para agitar el cóctel de los sinsabores propios y ajenos. Y mañana celebraremos el Día Mundial del Pistacho, pero acordándonos de consumir pistacho de Turquía (el segundo gran productor mundial) y pensando en que nos anima a ello el bello y deseado Can Yaman, protagonista de la serie –malísima– El Turco (creo que yo cabría perfectamente acoplado en el torso del Adonis anatolio).
La burla del tiempo en cuaresma se observa en los detalles. Olvidada en su balcón, aún cuelga desde Navidad alguna que otra colgadura granate con el Niño Dios y el mensaje “Jesús ha nacido”. Las he visto en varias calles, como en Javier Lasso de la Vega. Esta Semana Santa el momento sublime será ese ver pasar al crucificado junto a algún balcón apegado a la añoranza del Niño Dios. En el Vía Crucis del lunes, por poco pasó el Cristo de la Buena Muerte junto al balcón del pesebre en Lasso de la Vega. El Evangelio según Jesucristo de Saramago da para otra pensada.
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