La política exterior le importa un pito

13 de febrero 2026 - 03:06

Presume Sánchez de gran conocimiento de la política internacional, pero como jefe del Gobierno no ha demostrado excesivo interés por las relaciones exteriores. En los últimos años, cuando Trump revolucionó la política mundial, varios jefes de Gobierno europeos decidieron reunirse de vez en cuando para, dentro ese pequeño grupo –Macron, Stermer, Meloni, Mers y alguno más en función del asunto a tratar– debatir y tratar una posición única ante el Consejo Europeo. Sánchez no fue invitado a esos encuentros. Las noticias sobre la corrupción en España eran ya de dominio público entre los jefes de Estado y de Gobierno europeos. Pero, además, en esa obsesión por presumir de políticas propias, se tomó a título de inventario los acuerdos tomados en la OTAN, quiso expresar su apoyo a los palestinos antes que nadie sin hacer diferencias entre el pueblo palestino y Hamas, llegó a acuerdos con Marruecos sobre el Sahara sin comunicarlo previamente con las instituciones europeas y rechazó inicialmente la propuesta de la UE de enviar a Ucrania una fuerza europea para garantizar el cumplimiento del acuerdo al que se llegue algún día, decisión a la que sumó después.

No siempre le salió bien ese comportamiento. Marruecos, por ejemplo, le pagó mal su apoyo en la cuestión del Sahara, postura contraria a la que siempre habían defendido los socialistas españoles: se ha sabido ahora que en una visita de Sánchez a Ceuta y Melilla, los servicios marroquíes no dudaron en contaminar el teléfono móvil de Sánchez con el programa Pegasus. De esa manera controlaron durante mucho tiempo todos los movimientos del presidente español.

Ayer se celebró una reunión importante del Consejo Europeo, pero hubo una previa a la que se invitó a todos los gobernantes, para acudir al Consejo con una posición común ante decisiones de enorme calado. Sánchez no se sumó a esa previa una vez cumplidos sus compromisos parlamentarios en Madrid.

Entre otros asuntos se aprobó una nueva metodología para aplicar en las decisiones que se lleven al Consejo: si no hay unanimidad, podrán ponerlas en marcha los países que la respaldan, mientras que el resto lo hará después, cuando lo considere. Se impone así la Europa de dos velocidades, en la que España algo tendría que haber dicho, porque afectará a nuestros sectores sociales y económicos.

No es difícil deducir que a Sánchez la política exterior de su país le importa un pito.

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