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Gary Lineker –aquel delantero inglés que llegó a jugar en el Barça hasta que se peleó con Johan Cruyff– decía que el fútbol es un deporte en el que 11 futbolistas persiguen un balón y que al final siempre acaba ganando Alemania. Pues bien, podríamos decir que la política española es un juego en el que participan una docena de partidos políticos y que al final siempre acaba ganando Pedro Sánchez. Veamos el caso reciente de las elecciones de Aragón: la derrota del PSOE ha sido estrepitosa, pero mientras PP y Vox cantaban victoria, el gobierno de Sánchez ha decretado una regularización masiva de inmigrantes que no se va a discutir en el Parlamento y que se va a aprobar por el límpido procedimiento del decreto-ley, ese método tan apreciado por todos los autócratas que en el mundo han sido.
Una regularización que puede afectar a medio millón de personas –y con la reunificación familiar, a un millón más– es un asunto de primerísima importancia que debería ser debatido en el Parlamento con todo tipo de estudios y análisis económicos. Habría que debatir cuántos inmigrantes hacen falta, en qué sectores productivos y con qué titulaciones o cualificaciones profesionales. Y después, sólo después, tomar la decisión de regularizar a todos los inmigrantes que sean necesarios. Pero ese proceso se va a tramitar en apenas tres meses, deprisa y corriendo, y sin que haya siquiera un control de antecedentes penales mínimamente fiable ni un estudio de las necesidades laborales que tenemos. Y todo esto cuando ya hay 800.000 personas en nuestro país que cobran el ingreso mínimo vital, una medida que no financian generosamente las almas bellas, sino que costeamos los cuatro desgraciados que pagamos impuestos. Y justo por eso nos gustaría que estas medidas se discutieran en el Parlamento y se debatieran con calma y con toda clase de datos, tanto a favor como en contra.
Y hay otro asunto que no es menos importante: estos nuevos regularizados podrán nacionalizarse dentro de algún tiempo, así que muchos podrán votar en las próximas elecciones generales. Y no es difícil saber a quién van a votar mayoritariamente. O sea que sí, amigos, la política española es ese juego en el que compiten una docena de partidos pero que al final siempre acaba ganando Pedro Sánchez.
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