Paisaje urbano
Eduardo Osborne
¿Qué hacemos con Vox?
Quién nos iba a decir a nosotros que, una noche de domingo, íbamos a sacrificar el fútbol en la televisión para interesarnos por el voto de Aragón. Ante su resultado, que no ha hecho otra cosa que confirmar la tendencia general apuntada en Extremadura, surge la pregunta inquietante: ¿Qué hacemos con Vox?
Porque la realidad es que, por más que chillen (todavía duelen los oídos tras la soflama impresentable de Irene Montero…), a Vox lo vota tela de gente, y no parece que vaya a dejar de hacerlo a medio plazo. Votante principal de Vox es el desencantado del PP, ese que no ha perdonado aún las medias tintas con las políticas sociales y mediáticas de Zapatero. Votante de Vox es también ese católico de perfil muy conservador que, pese a sus reticencias ante cierto anticlericalismo que deja caer Abascal de vez en cuando, sigue anteponiendo sus convicciones morales contra el aborto y la eutanasia. Votante declarado y hasta orgulloso de Vox es tanto joven ajeno a la moralina memorialista que ve cómo las políticas sociales se orientan sobre todo a los más mayores, como si ellos no tuvieran problemas, algunos lacerantes, como la falta de vivienda. Pero lo más interesante de este fenómeno es la ampliación de su base electoral hacia sectores en principio conectados con la izquierda, como el agro-industrial, o esos núcleos olvidades de población que sufre los efectos negativos de la inmigración desordenada, que también los hay.
Los números no engañan. En Aragón, respecto a las anteriores elecciones, al PP lo han dejado de votar apenas 13.000 personas, mientras Vox acumula 40.000 votantes más (más o menos los mismos que pierde el PSOE) y se va al 18% del voto. Así, se va consolidando como una tercera fuerza con sello propio, amparada sobre todo por un voto de ruptura que no se asocia necesariamente a una ideología concreta. Por eso, quizá, tanta desorientación a derecha e izquierda para controlar su evolución. Para las elecciones autonómicas en Andalucía, el PP ha puesto todas sus esperanzas en el presidente Juanma para frenar la inercia, pero la reedición de la mayoría absoluta no parece ni mucho menos clara. Y si para entonces los pronósticos se cumplen, y la derechización del voto observado se concreta en una doble dirección, no quedará otra alternativa que gobernar juntos. Que, visto por el lado positivo, no deja de ser lo expresado en las urnas por los ciudadanos.
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