El 23 de noviembre de 1248 capitula la Sevilla andalusí tras el largo asedio de dieciséis meses a los que fue sometida por las huestes de Fernando III, rey de Castilla y León. Los vencedores toman posesión del Alcázar y enarbolan el estandarte real sobre el alminar (futura Giralda) de la mezquita mayor, sin que el monarca castellano penetre aún en la urbe más importante de la Península Ibérica en aquellos tiempos. Se concede un mes de plazo a los pobladores para que puedan vender sus propiedades, organizarse para el exilio y dejar vacía la ciudad, lo cual se lleva a cabo casi en su totalidad el veintidós de diciembre del mismo año. Cuenta la tradición que Fernando III accede con todos los honores en esa misma jornada al interior de la muralla por la Puerta de Goles, posterior Puerta Real. Abul Hasan Axataf gobierna Sevilla en esos momentos y sale con la mayoría de la población por bab al-Kuhl: una pequeña puerta con arco situada en el tramo de muralla entre la Puerta de Jerez y el Postigo del Aceite según Magdalena Valor y otros investigadores, en línea con la actual calle Joaquín Hazañas y junto al Edificio Coliseo. El arquitecto Asensio de Maeda traza en 1585 el Postigo del Carbón en el extremo oeste de la calle Santander, flanqueado por la Torre de la Plata; el arco sería llamado de ese modo por encontrarse allí la báscula para el control de entrada del carbón vegetal y mineral, pasando por él la mayor parte de las mercancías traídas del Nuevo Mundo antes de ser derribado en los años sesenta del siglo decimonónico.
Las fuentes árabes indican que el desalojo de Sevilla se extendió hasta el 13 de enero de 1249 debido a su elevado número de habitantes, que ya no eran tantos cientos de miles como los que albergaba la capital de al-Andalus en los momentos de mayor esplendor del califato. Aunque muchas personas ya habían partido antes de la salida general, Axataf y sus correligionarios salen por la puerta de bab al-Kuhl con los bienes que pueden transportar, salvoconductos para llegar a localidades como Jerez y barcos para los que desean emigrar a África. El maldecido Axataf en muchos pasajes árabes de la época llegaría a Ceuta, donde fue asesinado meses después durante una revuelta antitunecina. Marchaban desamparados por la pérdida de su amada tierra y numerosos poetas andalusíes cantarán sus desventuras y tristezas. Entre ellos destaca el trovador rondeño Abu-l-Baqa, quien glosa hacia 1268 una maravillosa y desgarradora elegía rememorando los sufrimientos y el abandono insuperable de los que salieron de forma precipitada de sus ciudades, centrándose sobre todo en la llama aún viva de la cabeza de al-Andalus: “¿Dónde está Sevilla y qué fue de sus alegrías? ¿Dónde está su río de puras, abundantes y deleitosas aguas? Ciudad magnífica... Al modo que un amante llora la ausencia de su dulce amada, así lloró desconsolado. ¿Puede haber ya patria para el hombre después de haber perdido Sevilla?”.