San Antón, tradición y crecimiento

Las Lumbres de San Antón iluminan Jaén en la noche del 17 de enero con 38 hogueras repartidas por toda la ciudad.
Fotomontaje
José Montané
- Exconcejal de Cultura del Ayuntamiento de Jaén

La San Antón, nacida en 1984, fue desde su inicio una prueba complementaria a las lumbres que tanto arraigo mantienen desde tiempos de maricastaña y sería edificante que recordemos a las nuevas generaciones de jienenses que en aquellos años nuestras inmemoriales hogueras en honor de ese santo, patrón de los animales, rosetero y calabacero, estaban desapareciendo alarmantemente, hasta el punto que de aquellas que fueron principales lumbres vecinales solo se encendían las del barrio de Santa Isabel y la del barrio de la Alcantarilla.

Era entonces una fiesta local en declive y por esa causa, desde el área municipal de cultura, fiestas y deporte, asumí la responsabilidad de poner en marcha un conjunto de incentivos de carácter cultural, a los que se sumaba la carrera como exponente deportivo a la vista del fuego. Desde la edición inaugural las teas o antorchas ardientes jalonaban el paso de los participantes. De este modo quise referenciarla con la celebración de San Antón, considerando la conveniencia de unir en su recorrido pedestre ambos barrios de la ciudad, desde una lumbre a otra, incidiendo en lugares donde antes se celebraban lumbres vecinales en puntos característicos de Jaén, como Plaza de los Huérfanos o San Juan.

Las dos primeras ediciones (1984 y 1985) tuvieron salida de Santa Isabel y meta en la Alcantarilla, justo delante de la puerta de la Asociación de Vecinos Cauce, cuya vocalía de Cultura había dejado para acceder al cargo de concejal en el Ayuntamiento de Jaén en 1983. En la Alcantarilla, un grupo de vecinos decidimos tomar la iniciativa de mejorar el barrio, creando la AV Cauce en 1978, comunidad que centró sus esfuerzos en la desaparición de aquel puente de inmundicias y malos olores que además hacía imposible la expansión del barrio y su proyección hacia el sur. Por cierto, la glorieta llamada “del pino”, debiera rotularse como Glorieta de la Asociación de Vecinos Cauce, en reconocimiento a aquella entidad y a las personas que la hicimos posible peleando duramente con una administración incompetente hasta que hubo órganos políticos elegidos democráticamente que atendieron nuestras demandas.

La Noche de San Antón, se unifica bajo el signo del fuego, calor y luz que irradia sobre todos una hipnótica atracción en esa larga y fría noche de invierno, en la que no hay vacío ni silencio; todo se resume en simbolismo y magia al calor del fuego. El fuego es la esencia de nuestra fiesta, ese fuego visible, simbólico que se desparrama por todas partes y que se inmola invocando el fin de lo malo y la llegada de la renovación y la esperanza, de las magias ancestrales que están presentes.Un símbolo que se envuelve de rituales, melenchones y actividad física desinteresada y lúdica al alcance de todos. Noche mágica del fuego para una fiesta total con raigambre jaenera que deja de manifiesto que las lumbres y la carrera son indisociables. No necesitamos importar ideas ajenas ni copiar modelos de cualquier parte del mundo, porque tenemos esencias propias para mostrar universalmente lo que nos caracteriza.

Hasta aquí el inventario del pasado, pero en el presente, venimos observando que en las ediciones recientes de la carrera se suscita un serio problema para el Ayuntamiento debido a la creciente demanda de dorsales para nuevos corredores/as, cosa que se veía venir desde la edición de 1986, con la participación de José Luis González, el atleta más laureado de ese momento, que fue un acontecimiento a nivel nacional. Cada año, el número de inscripciones crecía manteniéndose por la organización los mismos parámetros estructurales del comienzo hasta contar con la participación de la Federación de Atletismo, que para homologar los registros de la carrera impuso sus normas. Es bueno que esté homologada e inscrita en el calendario federativo, pero no todos los participantes corren la prueba con un cronómetro en la muñeca de su mano, esperando reducir en minutos el crono del año anterior, ni aspiran a subirse al podio, no.

Corre el riesgo de congestionarse si se excluyen a cientos o miles de participantes que son la mejor muestra de la esencia de la Carrera de San Antón

Ya no en los tiempos actuales de la prueba, que corre el riesgo de congestionarse si se excluyen a cientos o miles de participantes que son la mejor muestra de la esencia de la Carrera de San Antón, que no los federados y los concertados independientes o pertenecientes a clubes, sean de Jaén, municipios provinciales y provincias limítrofes (esa es la procedencia del contingente mayor de corredores). Está bien que haya presencia de plusmarquistas internacionales, figuras principales del escalafón atlético, pero su presencia ya no es significativa para la San Antón, como lo fue en los años iniciales, con cantidades fijas de salida y premios en metálico, de lo que hablaremos en otro momento. Ahora hay que poner la máxima atención en los participantes populares, que exigen y merecen un sitio para sumarse a la carrera.

Se pedía en los años ochenta y aún después que “la población de Jaén se sume a la noche mágica del fuego” ( Ideal, 10/01/1987. Antonio Oliver), proponiendo una carrera de carácter popular.

Y así debería de seguir, aspirando a mantenerse como prueba eminentemente abierta a todos, sin limitaciones físicas, ni edades, ni otras circunstancias sobrevenidas; desde la cuarta edición se incorporaron atletas en bicis adaptadas y sillas de ruedas. Una carrera en la que sobran los cronómetros para gran número de gente participante, y falta tecnología informática capaz de facilitar las inscripciones, y una mejor sincronización entre lumbres y carrera con presencia creciente de asociaciones y colectivos vecinales.

Las Lumbres de San Antón iluminan Jaén en la noche del 17 de enero con 38 hogueras repartidas por toda la ciudad.
Las Lumbres de San Antón iluminan Jaén en la noche del 17 de enero con 38 hogueras repartidas por toda la ciudad. / Fotomontaje

Que la gente participe sin agobios, tiempos ni temor al cierre de meta, prevaleciendo la participación general en un enfoque educativo, sanitario y lúdico. Si se forman tapones—lógico dado el entramado de nuestra vía pública—, no pasa absolutamente nada, se prosigue la marcha festiva hasta que se pueda ir del paso a la zancada y así hasta el final, con el impagable apoyo de los miles de espectadores que en todo el recorrido ponen su aliento en el cogote de cada corredor o corredora llevándolos en volandas. Y menudo esfuerzo el de la Policía Local, que hace un trabajo impagable cada año, labor crucial para el desarrollo de principio a fin.

* El autor extrae y acota un anterior artículo publicado en el libro "Memoria e historia de la Carrera y Noche de San Antón", 1984.

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