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Flamenco en los JJOO de Milano Cortina

The Matador and the Bull

Chok y Bates en 'The Matador and the Bull'
Juan Vergillos

15 de febrero 2026 - 07:09

Confieso que en la competición de patinaje artístico de los juegos olímpicos de Milano Cortina no he apoyado a los españoles. Me ganó el corazón una pareja norteamericana, la formada por Madison Chok y Evan Bates.

¿Por qué? Porque, mientras que los españoles patinaron a ritmo de, pongo por caso, Livin’ la vida loca de Ricky Martin en inglés, Chok y Bates bailaron, patinando, unos tangos flamencos. A ritmo de palmas, de cajón, de guitarra. Y, para colmo de gusto, con la melodía del Paint it Black de The Rolling Stones. Pero lo que me cautivó fue la interpretación de los patinadores.

Con sus patines de cuchillas se atrevieron a zapatear, a bracear, a dar palmas, a hacer percusión corporal con sus pechos, brazos … toda una coreografía flamenca de la mano de Antonio Najarro, responsable intelectual de la pieza. Una pieza que se llama The Matador and the Bull y que, naturalmente, está inspirada en la llamada, en otro tiempo, Fiesta Nacional.

Si un deportista español decidiera hacer algo así, ya se pueden suponer como arreciarían las protestas, lo que demuestra que no somos tan libres como creemos.

Pues Madison Chok y Evan Bates se han tomado esta libertad y han salido adelante con grandes dosis de técnica pero también con la elegancia y la intensidad dramática de dos enormes artistas. Porque no debía ser nada fácil torear, nunca mejor dicho, con esa falda negra y roja que ejercía al mismo tiempo de muleta. Con mucha inteligencia ella representó la habilidad y la inteligencia femeninas del torero y él la fuerza animal, masculina, del toro. Muerte y arte. Porque la dificultad de las elevaciones, los giros, los pasos es máxima. Hasta la estocada final. Como decía el maestro Morente, “estamos vivos de milagro”.

Y la fuerza, el virtuosismo, la entrega, el dramatismo, la compenetración de esta pareja es un asombro para los sentidos y para la inteligencia. Y, por supuesto, de lo más emocionante. Hay un momento en el que el arte deviene ejercicio físico. Pero ¡qué delicia aquel instante en que el ejercicio físico se convirtió en arte!

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