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El “No a la Guerra” de Pedro Sánchez es una muñeca rusa. Claramente. Dentro de las cuatro palabras están bien guardadas otras, como: es lo mejor que tenemos a mano para evitar la catástrofe electoral de 2027. Y dentro de estas otras están los nombres de los escándalos, los nombres de los puteros y de los mangantes. Y de las mentiras.
Deberíamos hablar de las muñecas rusas destacadas en el camino de la supervivencia que es este político socialista. Porque yo digo “No a la guerra” (¿Hay alguien tan loco para oponerse al grito, al “No a la guerra”?) pero mando al teatro de operaciones una de las mejores fragatas, y más modernas, mejor armadas de la Marina de Guerra española. ¿Si vis pacen para bellum? Verdaderamente lo que escribió Vegecio era “Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum”, que está en otra de las muñecas rusas infinitas que atesora el presidente Sánchez. Verdaderamente el concepto de muñeca rusa es una muestra de la ocultación que es el poder, ingenioso mecanismo de colores vistosos que ocultan hasta el final la nada que es el poder, la nada que es, finalmente, todo esto. Pero las consecuencias son terribles. De hecho se habla más de economía que de guerra, para la guerra están los vídeos que saturan las redes, fragmentos de los desastres de la guerra. Desde lejos y cambio de pantalla. Todo lo demás es la subida de los precios de los carburantes y del gas, con el agravante de que estas subidas son la ladera de la montaña de todo lo que implica y se desliza inevitablemente hacia el bolsillo de los ciudadanos. Lo que parece indiscutible es que las guerras se pagan, que es el contenido de otra de las muñecas rusas. Hasta la fecha presente todas las guerras se han pagado. En dinero contante y sonante. Hasta la última moneda. Y no precisamente con vidas humanas, con dinero. Alguien en el interior de otra de las muñecas rusas hace las cuentas y va informando. Lo que arde, cae al suelo, es calcinado y cuesta dinero. Al propietario y al que lo destruye, unos más que otros.
Sorprendente que los responsables no miren las vidas muertas, no miren el dolor infinito de las gentes, ni la destrucción. “No a la guerra” es como una propuesta de reflexión, un pensar que seguimos todos en lo mismo, en la desaparición
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