De Cofradías
Los hospitales cofrades
Las cofradías desarrollaron intensamente su faceta de instituciones benéfico-asistenciales. Y es esta atención al necesitado lo que las vinculó a los estratos más desfavorecidos de la sociedad hispalense. Con sus hospitales fueron la única salvación, al menos momentánea, para muchos sevillanos a los que distintas circunstancias, y no solo las enfermedades, abocaron a un futuro que se limitaba a tratar de sobrevivir cada día.
Ello nos lleva a tratar una interesante cuestión: ¿Cómo eran estos hospitales desde el punto de vista de su estructura? Desgraciadamente no se nos ha conservado ningún plano o descripción detallada. Pero al menos tenemos constancia de unas obras que en 1503 la Cofradía del Hospital de la Sangre mandó realizar a Juan Márquez, albañil. Del contrato, cuyo coste ascendió a 8.000 maravedís, podemos deducir que el hospital, situado en el Pozo Santo, constaba de una salita en un corral con naranjos cuyo techo debía ser reparado, una sala sobre la salita cuya cubierta también debía ser arreglada y, finalmente, sobre esta última, un soberado cuyo tejado, de madera y teja, había que volver a hacer.
El hospital estaba rodeado de un muro que se mandó derribar para levantar otro nuevo, tras haberse cavado una zanja de diez palmos de profundidad y siete de ancho. En el muro nuevo se abriría una puerta de especial entidad, con pilares labrados, un arco y unas albanegas con rejas. No era la puerta de cualquier hospital, sino la del Hospital de la Cofradía de la Sangre, la beneficiaria de un mayor número de mandas testamentarias, lo que se traducía en cuantiosos ingresos, y, por consiguiente, una de las que gozaba de mayor devoción.
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