Cuchillo sin filo
Francisco Correal
Silogismo en bárbara
Si hubiera nacido en la calle Buiza y Mensaque, me llamara Joaquín, hubiera estudiado música con el maestro Torres, Dios me hubiera dado el don de la composición musical y fuera hermano de Pasión, además de la Marcha fúnebre Nuestro Padre Jesús de la Pasión, la Plegaria a la Virgen de la Merced, la Plegaria a Nuestro Padre Jesús de la Pasión, la Misa a Nuestro Padre Jesús de la Pasión y Ante la Virgen de la Merced, habría compuesto una pieza pianística que se llamara En el besapié de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, en la que los silencios fueran más importantes que las notas.
Dado que ni soy Joaquín ni, por desgracia, tengo el don de la música, me limito a sugerir con palabras lo que solo la música puede expresar: el silencio de Pasión. Porque en una composición el silencio no es solo ausencia de sonido, sino un recurso expresivo. Dijo Claude Debussy, que tanto influyó en el sevillano Joaquín y en su amigo gaditano Manuel, que “la música es el espacio entre las notas”.
El silencio de Jesús de la Pasión no es ausencia de palabras, sino un callado hablar al alma. En ninguna imagen sagrada sevillana se puede oír con tanta claridad “la música callada, la soledad sonora” de San Juan de la Cruz, ni se cumple tan dulcemente lo que escribieron Santa Teresa de Lisieux y otros místicos: “Sin ruido de palabras enseña Dios”.
Tiene Pasión, en su besamanos, el mismo gesto de su Madre en la Anunciación: la cabeza inclinada hasta hundirse en el pecho, el gesto reverente que sugiere más el arrodillarse que el caminar. Pasión es el segundo “fiat” que, como el de su Madre, hizo posible la redención. Dijo María en Nazaret “Fiat mihi secundum verbum tuum” y dice Pasión en el Huerto de los Olivos, exactamente con el mismo gesto de María en la Anunciación, “Fiat voluntas tua”.
La sangre de la frente no es la de la corona de espinas, sino la que sudó en medio de su angustia cuando dijo “triste está mi alma hasta la muerte”. Lo que doblega su espalda no es el peso de la cruz, sino la sumisión a la voluntad del Padre, la divina mansedumbre del cordero de Dios que se entrega en sacrificio. Siempre he visto transparentarse a Pasión en el Agnus Dei de Zurbarán y al Agnus Dei en Pasión. Milagrosa imagen del único imaginero que logró esculpir el silencio.
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