Dios, a la intemperie
El primer nazareno
La Semana Santa es una celebración coral, modelada por todos los que participan en ella: ese primer nazareno que, al verlo cada año, sentimos el pellizco porque ya empieza todo; los otros integrantes de los cortejos, el público, los comercios, los responsables organizativos, etc. Y hay distintas formas de acercarse, desde una sincera devoción a la mera curiosidad, la estética… Cada perspectiva pone el acento en algo de esta riquísima realidad, sostenida siempre por su sustancia religiosa. La Semana Santa que yo conozco, porque así me la enseñaron y así la vivo, parte de un elemento esencial: el testimonio público de fe que dan los hermanos de una cofradía que hacen estación de penitencia acompañando a sus sagradas imágenes. Esto se complementa y enriquece luego con verdaderas obras de arte de bordado, música, orfebrería, talla o exornos florales, expresiones de gran belleza de esta manifestación religiosa.
Por eso, a la hora de afrontar la compleja realidad que vive la Semana Santa desde hace años, antes habrá que preguntarse (las hermandades primero) qué Semana Santa estamos construyendo y cuál queremos. Porque, según el concepto que de ella se tenga, así serán las soluciones que se busquen. Vuelvo a mi Semana Santa, donde el nazareno es un elemento fundamental, que debe ser cuidado y respetado; y donde es importante enseñar a los hermanos el significado, transcendencia y responsabilidad que tiene revestirse con la túnica. Pero, si confundimos la sustancia y la circunstancia a la hora de buscar soluciones, un día podríamos no encontrar a ese primer nazareno, porque alguien lo haya “autorregulado” dejándolo sin salir…
También te puede interesar
Dios, a la intemperie
El primer nazareno
Enérgica decisión
El parqué
Europa cierra en negativo
Edadismo cofradiero
Lo último
EDITORIAL
Subida de precios: ¿bajada de impuestos?
La ciudad y los días
Carlos Colón
Solo Él. Y bastaba
Obra maestra
Fran G. Matute
Otumba, 6
Quizás
Mikel Lejarza
Recordando al teniente coronel Bill Kilgore