Cuchillo sin filo
Francisco Correal
Smiley y Karla están en el paro
Bajo un paraguas (un techo es un techo), asisto al espectáculo maravilloso de la lluvia que resbala sobre el viejo muro de un edificio forrado con carteles callejeros. Pocos lienzos de pared degradada quedan libres en el centro de la ciudad para que lo forren con papelones de anuncios y convocatorias. El que tengo frente a mí parece la lista elegida para un Spotify insonorizado. La Sala Malandar anuncia un tributo dedicado a Depeche Mode y U2 para esqueletos muy trabajados. En el Cartuja Center hay otro anuncio de un próximo concierto del rapero Beret y otro del joven violinista Paco Montalvo. En marzo la sala La Fundición anuncia la obra Fetén (leo que se trata de una inquietante opereta flamenca para dos máscaras y una guitarra). Otro cartel color añil anuncia la visita de Alejandro Sanz en La Cartuja para el 6 de junio. Y las inevitables chirigotas del Teatro Falla ya tienen su cita en Fibes el 6 y 7 de marzo.
Bajo el paraguas, mientras la borrasca Joseph cala el muro, uno repasa su agenda en blanco y la traduce en su propio muro de las lamentaciones. Vaya por Dios. Me digo que otro año más me perderé las chirigotas del Falla, que no sé ya si las detesto por atrofia mental o por la rareza de sentirme un replicante entre cuerpos extraños de la Baja Andalucía. Y vaya por Dios que para junio tengo fijada ya mi cita para no hacer nada justo el 6 de junio, coincidiendo con la gira de Alejandro Sanz. Sólo me repensaré si ir a la Sala La Fundición, aunque el concepto opereta flamenca con dos máscaras y una guitarra no me lo pone fácil.
Recuerdo del mundo caduco las calles y fachadas de Sevilla empapeladas sobre todo con eslóganes de partidos políticos y citas para mítines. Todavía hoy pueden verse heroicos anuncios de academias para opositores, de clases de coreano o de árabe, de portes económicos y de talleres variopintos (cristianismo para veganos, danza tántrica, tarot nivel medio, marroquinería, meditación holística). Hace ahora justo 40 años Antonio Muñoz Molina –acaba de cumplir 70 años– escribía una de sus columnas para el Ideal de Granada (las agrupó en 1986 en su librito Diario del Nautilus). Leo ahora lo que antaño decía Muñoz Molina sobre esos carteles callejeros que “nunca anuncian lo que decían anunciar porque sus palabras se pierden en la trama de la ciudad y del tiempo”. Medito sobre ello bajo el paraguas. La lluvia pone su trama añadida.
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