Cuchillo sin filo
Francisco Correal
Smiley y Karla están en el paro
Cuando compré la novela La gente de Smiley de John le Carré, marzo de 1980, unos días después del referéndum andaluz del 28-F, todavía no se habían disputado los Juegos Olímpicos de Moscú que boicoteó el bloque occidental (el telón de acero se lo devolvió en Los Angeles 1984) y en los que Juan Antonio Samaranch salió elegido secretario general del Comité Olímpico Internacional. De la llama del pabellón del COI en la Expo 92 quedan las ruinas del pebetero en una popular discoteca.
John Le Carré (1931-2020) mezclaba épica y lírica, el fragor de la batalla y la emoción de los sentimientos en la narración sobre el tablero del mundo de la partida de ajedrez y astucia que disputaban el agente Smiley y su par soviético, Karla. Un duelo casi caballeresco antes de que China y la globalización acabaran con ese simulacro de bipartidismo mundial que se llegó a llamar guerra fría.
Recordé esa historia de Smiley en la misa del patrón de los periodistas, San Francisco de Sales, obispo de Ginebra. Coetáneo de Cervantes, fue también un artesano de la Palabra. El arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, ofició la Eucaristía. En una de las lecturas, del Libro de los Proverbios, se dice que “más vale ser paciente que valiente; más vale el dominio propio que conquistar ciudades”.
¿Qué hemos hecho mal para que en la misma época, al frente de los países para los que antaño espiaran Karla y Smiley, estén dos personajes como Vladimir Putin y Donald Trump? Ellos prefieren conquistar ciudades antes que exhibir dominio sobre sí mismos. Su valentía es su impaciencia. Putin lleva un cuarto de siglo llevando el timón de la antigua Unión Soviética y Donald Trump, que presume de haber puesto fin a ocho guerras “y cuarto”, como si nos estuviera dando la hora, es el segundo caso en la historia de los Estados Unidos en el que un presidente gobierna en la Casa Blanca en mandatos alternativos. El precedente fue Grover Cleveland, que dejó su segunda época justo antes de la guerra de Estados Unidos contra España que nos dejó sin colonias ni desodorante.
Cualquier cosa puede pasar con estos dos viejos amigos, uno empeñado en comprar Groenlandia, el otro en trocear Ucrania en su beneficio. En ambos casos, dejando el papel de Europa en unos residuos de mayordomía y de presencia irrelevante. Echa uno de menos binomios USA / URSS como los de Kruschev y Kennedy pese a la crisis de los misiles, tándem desbaratado por el magnicidio de Dallas que noveló Stephen King. O ese espejismo de armonía justo antes de la caída de Berlín que representaron Reagan y Gorbachov.
Leónidas Breznev estaba al frente de la Unión Soviética cuando se celebran los Juegos Olímpicos de Moscú. Dejó el poder en noviembre de 1982, el mismo mes que la UCD en España. Hubo políticos españoles que viajaron a Rusia para hablar de la Transición como un proceso modélico. Un espejismo. Los centristas se fueron al paro, como Karla y Smiley. Y Lenin resucitó en el Consejo de Ministros. Todavía es posible que Putin y Zelenski se vean antes que Sánchez y Feijóo.
También te puede interesar
Cuchillo sin filo
Francisco Correal
Smiley y Karla están en el paro
Las dos orillas
José Joaquín León
Los funerales verdaderos
La colmena
Magdalena Trillo
La boina y el cartel
La ciudad y los días
Carlos Colón
Funerales laicos o religiosos
Lo último
El parqué
Avances moderados
EDITORIAL
Peligrosa deriva autoritaria en Estados Unidos
Viva Franco (Battiato)
Javier González-Cotta
Carteles callejeros