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Ha sido un acto de coherencia la suspensión del funeral de Estado, inicialmente previsto para el próximo sábado, día 31 de enero, en Huelva. Las 45 víctimas de la catástrofe ferroviaria de Adamuz no se merecen un despropósito como el que se veía venir. Al menos, que respeten la memoria de los muertos. Porque ese funeral estaba predestinado a terminar de mala manera. Ya se vio un numerito lamentable en el funeral de la dana en Valencia. Los ánimos están muy caldeados. La asistencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se prestaba a consecuencias indeseables. Y, por otra parte, el formato del funeral laico (un homenaje sin exequias) había sido cuestionado por familiares.
Los funerales verdaderos se han convocado estos días. Empezaron el pasado fin de semana en Adamuz. Fue oficiado por el obispo de Córdoba, Jesús Fernández, con la presencia de representantes de los servicios de Emergencias, voluntarios que participaron en el rescate y gente de buena fe, que abarrotaron el pabellón municipal, adaptado para la celebración litúrgica. También participó el alcalde de Adamuz, Rafael Moreno, que es del PSOE. Nadie se sintió ofendido en sus creencias, como decían algunos papanatas que defienden los homenajes laicos.
Hoy se ha organizado otro funeral en la Catedral de Sevilla en memoria de los 45 muertos en el accidente de Adamuz, que se aplicará también por Fernando Huerta, el joven maquinista sevillano fallecido en el accidente de Rodalies en Gelida (Barcelona). Estará oficiado por el arzobispo, José Ángel Saiz. Y mañana tendrá lugar el verdadero funeral oficial en Huelva, que se ha organizado en el pabellón Carolina Marín para mayor capacidad, con el traslado de la Patrona onubense, la Virgen de la Cinta, y oficiado por el obispo, Santiago Gómez Sierra. Asistirán los Reyes de España y el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. Después de anunciarlo la Casa Real, también se ha sumado la ministra María Jesús Montero.
Es natural que las personas creyentes, de las que forman parte la mayoría de los andaluces, busquen el consuelo de la religión. Y es natural que rechacen las pompas y vanidades mundanas, y que prefieran confiar en la fe, aunque sea difícil en unos momentos tan dolorosos. En Andalucía, la religiosidad forma parte del sentir del pueblo. El mejor homenaje que le puede hacer el Gobierno a las víctimas del accidente es que dimita el ministro incompetente, arreglar la decadencia de los trenes, pagar las indemnizaciones, y que se olviden de los funerales laicos y las fotos.
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