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El mismo argumento que dan los laicistas a favor de un funeral laico lo pueden dar los creyentes a favor del religioso. Si hay víctimas que no son creyentes, ¿por qué un funeral católico? Si hay víctimas que son católicas, ¿por qué un funeral laico? Se ha normalizado que el espacio laico es el de todos, mientras que el religioso solo incumbe a los creyentes. Algo de razón hay en ello en lo que se refiere a la mayoría de las cuestiones cotidianas. Pero solo algo, no toda. El creyente no lo es a tiempo parcial, solo en su intimidad o en una iglesia. El sentimiento religioso no es un quita y pon según donde y con quien se esté. Afecta a toda la persona en todos los aspectos de su vida. No hay fronteras entre creencias y vida pública, como enseñan tantos grandes santos, admirados por creyentes y no creyentes. Piensen en Tomás Moro. Siendo Lord Canciller y amigo personal de Enrique VIII, antepuso sus creencias a los deseos del monarca. Podría decirse que la vida del cristiano es una teocracia unipersonal (por supuesto no impuesta a los demás) en la que la última palabra la tiene Dios, no los poderes ni la sociedad en la que el cristiano viva.
En el caso de los funerales de Estado, con los sentimientos en carne viva, la cuestión adquiere la mayor carga emocional. Dice la Constitución que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”, pero también que “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española”. Lo que equivaldría a que los funerales de Estado los representen a todos. En la ceremonia por las víctimas del 11-S de 2001 participaron un representante laico, un sacerdote, un pastor, un rabino y un imán. Tras los atentados parisinos de 2015 –reproduzco una crónica– “funcionarios gubernamentales, políticos de izquierda y derecha y líderes de distintos grupos religiosos se congregaron en Les Invalides para rendir tributo a las víctimas de los ataques terroristas del 13 de noviembre”. También hubo una misa en Notre Dame en la que cristianos, musulmanes y judíos rezaron juntos acompañados por no creyentes. “La misa, donde no todo el mundo era católico o de la misma religión, creo que ha servido para acercar a las personas. He percibido mucho respeto y sentido de la comunidad”, dijo un asistente. Quizás este sea el camino.
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