‘Los lunes’, lo mejor de ‘Los domingos’

04 de marzo 2026 - 03:09

La frase se le atribuye a Groucho Marx. La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música. En el intento fallido, una vez más, de querer ver la gala de los Goya, vuelvo al cómico de Sopa de ganso para decir que el socialismo español es al socialismo lo que el cine español es al cine. Está claro que en ambos casos hay un componente de exageración y de injusticia (no militar), pero es un reflejo gráfico de la desazón que produce una vez más asistir a este esperpento sectario y mendicante de la gala de los Goya.

Lo mejor de la gala fue que en el primer corte publicitario anunciaron un ciclo de cinco películas de Billy Wilder para los cinco lunes de marzo. Lo mejor de Los domingos, película espléndida por otra parte, ha sido Los lunes. Y si es con Con faldas y a lo loco, la cosa no podía empezar mejor. El cine español se ha fagocitado en su automoribundia. La coincidencia de Susan Sarandon con el presidente del Gobierno en los pasillos recuerda esa pleitesía de Juanito Navarro y Lina Morgan en el Pardo. Pegatinas por una Palestina libre en los presentadores y en muchos de los galardonados. Loable el fin, despreciable su intención. Más ladrillos al muro. El de Berlín cayó en 1989. El de la Moncloa empezó a apuntalarse en 2023. Un patio de butacas con las autoridades, como los mandos en los fuegos de campamento de la OJE.

Se dirá que lo de Palestina es una metáfora, una sinécdoque de todas las injusticias del planeta. Un símbolo de Nigeria, Myanmar, Groenlandia y el Acongagua oprimido. Por España y la Humanidad, parafraseando a Blas Infante. Una unidad de destino en lo universal, que diría el otro. El cine, ese cine habría que decir, se ha convertido en una suerte de mayordomía. Artistas devaluados en ujieres, en cacatúas de la voz de su amo, más cómodo y atendido que nunca. Ellos también convierten el patio de butacas en una prolongación del hemiciclo para jugar a esa esquizofrenia de hacer de oposición estando en el Gobierno. Billy Wilder contaba en sus Memorias que en sus tiempos de periodista vienés fue a entrevistar a Sigmund Freud y éste lo echó de su casa. El cine español, ese cine español, debería hacerse un psicoanálisis para superar esta fase de vasallaje y condescendencia, ese juego perverso de con el pretexto de defender las causas de los más desfavorecidos apoyar al que manda, al que gobierna, al que firma los decretos. Los actores y directores se han convertido en un nuevo Grupo Mixto de apoyo incondicional.

Esa dejación ética de los profesionales del cine abarata su aportación estética en la patria de Buñuel y Berlanga. Son gregarios del poder, carrileros del ariete gubernamental, apuntadores en el foso de la sala para que al gran actor no le falten el ciento ni el aliento. Menos mal que entre medias nos enteramos de las cinco entregas de Billy Wilder con su incondicional Jack Lemmon. Este cine que se acuerda de Palestina y se olvida de Barbate y de Adamuz ha iniciado el viaje a ninguna parte, la primera película ganadora de un Goya con la firma de Fernando Fernán-Gómez. ¡Señorito!

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