El museo de Bosco y Loli

04 de marzo 2026 - 03:09

Un amor, una ciudad. Hay ciudades que evocan leyendas y crónicas de amores memorables. Teruel sí existe y acaba de celebrar su fiesta medieval por Isabel de Segura y Diego de Marcilla, los célebres amantes de Teruel. Decir Verona es decir Romeo y Julieta y tararear la canción Tutto L’Universo Obbedisce All’amore que Franco Battiato cantó en los conciertazos que dio en el Arena de Verona. Del Sarajevo del asedio, el puente de Vrbanja recuerda hoy a los novios Bosko Brick y Admira Ismic (serbio él y bosnia musulmana ella), los dos muertos por francotiradores y cuyos cuerpos inermes, abrazados amorosamente, continuaron varios días al raso y sin recoger en tierra de nadie.

Un amor, una ciudad. Y una novela. Y un museo. Y ahora una serie. Acaba de estrenarse en Netflix la serie El Museo de la Inocencia basada en la novela del turco Orhan Pamuk. Evocar el Estambul vintage del amor es sumergirse en la peculiar historia del pudiente Kemal Basmaci y Füsun, su joven y lejana pariente más pobre, a través de la obsesión, la cleptomanía y el culto maniático por los objetos asociados con ella. Dados los vuelos asequibles de Sevilla a Estambul, quizá hayan visitado o escuchado algo sobre este coqueto museo situado en las callejuelas del barrio de Çukurcuma. Pamuk lo convirtió en novela-museo. Sus plantas están llenas de vitrinas con objetos del Estambul de los 70 y los 80 y diversa fruslería no menor para el enamorado Kemal (pendientes, colillas, pasadores, vestidos, gaseosas de época, taxímetros, carteles de películas, broches, billetes de lotería, peines, etc)

¿Y si fuera posible recrear la idea del museo de Estambul en clave sevillana? Llamarlo, por poner, El Museo de Bosco y Loli y que sirviera de ficticia memoranza de la Sevilla del ayer a través del recuerdo y la cachivachería del amor entre Bosco, el cayetano repijo, y Loli, humilde y periférica. En sus vitrinas se colocarían botellas de Miranda, exvotos de la hamburguesería Dulio, tapacubos de un 1.500, jaulas para canarios del mercadillo de la Alfalfa, tabaco marca Bisonte, un carnet de Pineda (él) y otro de Piscinas Sevilla (ella), una papeleta de sitio de la Quinta Angustia (él) y otra de Santa Genoveva (ella), el posavasos de la discoteca Don Felipe, una lata de fuagrás Bolado, entradas de Cita en Sevilla, un uniforme reliquia de las Adoratrices, etc. Sólo faltaría la novela y llamar a Netflix por si cuela.

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